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Opinión Guillermo Salmerón

Una victoria y un cuarto puesto, gran botín

Una victoria y un cuarto puesto, gran botín

Los españoles han cerrado 2017 en cuanto a los Majors se refiere con un balance que creo que puede considerarse como sobresaliente, aunque sólo sea por el hecho de que en el cómputo general, una victoria en el Masters -la de Sergio García- y un cuarto puesto en el Open Championship - el que consiguió Rafa Cabrera Bello- pueden llegar a justificar la temporada de la “Armada” en los Grandes.

Si individualizamos los resultados de cada uno de nuestros cinco jugadores en los cuatro Grand Slam de la temporada, las cosas no resultan tan brillantes.

Es cierto que la victoria de Sergio García fue cósmica y galáctica. La primera después de diecinueve años luchando por un Major. La Chaqueta Verde ya es suya pero este año -independientemente de ese triunfo- los otros tres grandes han pasado sin pena ni gloria para el castellonense que ha admitido que tras su victoria en Augusta, las cosas no le estaban saliendo bien en los otros tres Majors.

Así, acabó vigésimo primero en el Us Open que ganó Brooks Koepka; trigésimo séptimo en el Open Championship de Jordan Spieth y sin pasar el corte en el PGA Championship de Justin Thomas.

Jon Rahm no ha brillado en sus primeros cuatro Majors como jugador profesional y da la sensación de que todos, empezando por él mismo, queríamos bastante más del número 7 del mundo y del doble ganador en Estados Unidos y Europa en 2017 –Farmers Insurance Open y Open de Irlanda-.

El vizcaíno empezó el Masters de Sergio vigésimo séptimo y sin ninguna buena sensación durante toda la semana. En el Us Open las cosas no le fueron mucho mejor fallando el corte, para terminar el Open Británico cuadragésimo cuarto y el PGA quincuagésimo octavo. En fin, mal en líneas generales.

Rafa Cabrera Bello terminó cuarto en su mejor actuación en un grande a lo largo de su carrera. Una cuarta plaza que le llevó hasta la décimosexta plaza de un Ranking Mundial en el que pudo haber terminado más arriba si hubiera mejorado sus cifras en el Masters, donde falló el cote, en el US Open, donde terminó cuadragésimo segundo o en este reciente PGA, donde también se quedó fuera el fin de semana.

Nuestro quinto “espada” en los Majors, Pablo Larrazábal, sólo pudo meterse en dos de los cuatro. En el British Open y en el PGA Championship. En los dos falló el corte pero su sola presencia en estos torneos demuestra la calidad, el tesón y la ilusión del que es hoy en día el cuarto mejor jugador del golf español.

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