La tercera jornada del Genesis Scottish Open dejó a Rory McIlroy en una situación tan incómoda como desafiante. Apenas pudo completar unos pocos hoyos antes de que la niebla obligara a suspender el juego, y su tarjeta parcial —un +3 en los primeros ocho hoyos— refleja mejor las durísimas condiciones que su verdadero nivel de juego. El norirlandés, que venía de firmar dos rondas magníficas de 65 y 66, se vio atrapado en un día extraño, sin ritmo, sin continuidad y con una visibilidad que por momentos hacía imposible calibrar distancias y trayectorias. Para un jugador tan técnico y tan dependiente de la precisión como McIlroy, la falta de referencias visuales fue un golpe directo a su rendimiento.
La reanudación prevista para mañana a las siete de la mañana será, para él, un examen de máxima exigencia. Necesita completar los diez hoyos restantes de la tercera ronda con una remontada contundente si quiere volver a engancharse a la pelea por el título. El margen es estrecho, pero no imposible: McIlroy ha demostrado en innumerables ocasiones que es capaz de producir ráfagas de golf explosivo cuando más lo necesita. Su capacidad para generar birdies en cadena, especialmente en campos donde el viento y el diseño premian la creatividad, será su principal arma para intentar revertir la situación.
El análisis de sus números refleja la urgencia: en la primera vuelta del torneo firmó un brillante 31, y en la segunda, otro sólido 31, construidos desde la potencia del drive y la precisión de sus hierros cortos. Sin embargo, en esta tercera ronda, los errores se acumularon: bogey en el 1, otro en el 5, un doloroso 6 en el hoyo 7 y la sensación constante de estar peleando contra el campo y contra la niebla. Mañana necesitará recuperar la confianza desde el tee, encontrar más calles y, sobre todo, volver a su patrón habitual de control en los greenes.
Si McIlroy quiere tener alguna opción real de ganar el torneo, deberá entregar una vuelta final prácticamente perfecta. Primero, completar la tercera ronda con un parcial bajo par que lo devuelva a la zona noble; después, atacar sin reservas en la cuarta jornada, donde la presión será máxima y el tablero estará comprimido. No será fácil, pero si alguien puede transformar un día gris en una remontada memorable, es Rory McIlroy.
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