El Open Championship de este año dejó sensaciones contrapuestas para la representación española, con tres protagonistas que vivieron realidades muy distintas sobre un recorrido exigente y un clima cambiante que obligó a jugar con precisión quirúrgica. Jon Rahm, Josele Ballester y Eugenio Chacarra superaron el corte y se mantuvieron competitivos hasta el domingo, aunque ninguno logró acercarse a la zona noble de la clasificación en una semana marcada por la irregularidad y la necesidad de aprovechar cada mínima oportunidad de birdie.
Para Jon Rahm, el torneo terminó con un discreto par del campo, lejos de las posiciones de privilegio y con la sensación de que nunca llegó a encontrar el ritmo adecuado. Su arranque fue sólido, con un 69 y un 67 que parecían anunciar una semana de progresión, pero la tercera ronda lo frenó en seco. El domingo, ya sin opciones reales de remontada, mantuvo el tipo sin brillo, atrapado en una dinámica de pocas oportunidades claras y demasiados pares obligados. Rahm se marchó con la frustración de no haber podido pelear por un major que históricamente se adapta bien a su juego, aunque también con la certeza de que su nivel base sigue siendo suficiente para estar siempre en la conversación.
Eugenio Chacarra, que también firmó el par del campo (E) volvió a demostrar que su adaptación al gran escenario es cada vez más sólida. Chacarra jugó con madurez, especialmente en los momentos de mayor presión, y aunque su tarjeta del domingo (69) no le permitió escalar demasiado, sí consolidó una actuación notable. “Me voy contento porque he competido de verdad. Este campo te exige estar concentrado cada segundo y creo que he demostrado que puedo estar ahí, peleando con los mejores”, comentó el madrileño tras finalizar su vuelta. Su consistencia, su capacidad para evitar errores grandes y su actitud serena en los greenes fueron claves para mantenerse en el top‑50 y reforzar su progresión en el golf de máximo nivel.
El tercer español en liza, Josele Ballester, también cerró el torneo al par (E), aunque con una sensación algo más amarga. Su espectacular 66 del sábado lo había colocado en una posición ideal para atacar el domingo, pero la última ronda se torció desde el inicio y terminó con un 73 que lo frenó en seco. Aun así, Ballester volvió a dejar claro que su talento es real y que su techo competitivo es muy alto. “El sábado sentí que podía hacer algo grande, pero hoy el campo estaba más duro y no he sabido aprovechar los pocos momentos buenos que he tenido. Aun así, me quedo con que estoy aprendiendo muchísimo y cada semana me veo más preparado”, explicó el castellonense, que sigue consolidándose como una de las grandes promesas del golf español.
La jornada del domingo dejó tres tarjetas muy distintas para los españoles, reflejo fiel de cómo cada uno vivió el cierre del torneo. Eugenio Chacarra firmó un sólido 69 (-1), construido desde la paciencia: completó los nueve primeros hoyos al par y encontró su mejor tramo en la parte final, con birdies en los hoyos 15, 16 y 17 que le permitieron cerrar en negativo y escalar posiciones. Josele Ballester, en cambio, sufrió más de lo previsto y entregó un 73 (+3) en una vuelta marcada por errores en la segunda mitad del recorrido; tras un inicio relativamente estable, los bogeys en los hoyos 11, 13 y 14, junto al doble bogey del 13, frenaron cualquier opción de remontada. Por su parte, Jon Rahm completó un 74 (+4), lastrado por un arranque complicado con bogeys en el 1, 5 y 9 y sin apenas oportunidades claras de recuperar terreno en los últimos nueve hoyos.
En conjunto, la actuación de los tres españoles deja un balance positivo: los tres pasaron el corte, los tres compitieron hasta el final y los tres mostraron destellos de calidad en un major que no perdona. Falta todavía ese golpe de autoridad que sitúe a alguno de ellos en la lucha por la Jarra de Clarete, pero el camino está trazado y el talento, evidente.