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LIV Golf Adelaida

Anthony Kim derrota a Jon Rahm y firma una histórica victoria en Adelaida tras un increíble regreso en un final inolvidable

Anthony Kim derrota a Jon Rahm y firma una histórica victoria en Adelaida tras un increíble regreso en un final inolvidable

Por Guillermo Salmerón
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domingo 15 de febrero de 2026, 08:31h
Actualizado el: 15 de febrero de 2026, 08:44h

La tarde en Adelaida se convirtió en un escenario casi cinematográfico, un lugar donde el deporte decidió regalar una de esas historias que parecen escritas para reconciliar al público con la idea de que las segundas oportunidades existen. Allí, entre un público desbordado desde primera hora, Anthony Kim completó una de las resurrecciones más improbables que recuerda el golf moderno. Su victoria en la segunda prueba del LIV Golf Series no fue simplemente un triunfo deportivo: fue la culminación de un viaje tortuoso que lo llevó desde la élite del PGA Tour hasta la desaparición absoluta, y de ahí, contra todo pronóstico, de vuelta a la gloria.

Porque hubo un tiempo en que Anthony Kim era señalado como el futuro del golf estadounidense. Ganador en el PGA, carismático, eléctrico, dueño de un talento que parecía destinado a marcar época. Pero una lesión grave, persistente y cruel lo obligó a retirarse cuando su carrera apenas despegaba. Lo que vino después fue aún más oscuro: adicciones, aislamiento, una caída libre que lo borró del mapa competitivo durante doce años.

Mientras el golf seguía su curso, él se hundía en silencio, convertido en un fantasma del que apenas se sabían rumores. Su regreso en 2024, como jugador reserva del LIV, fue recibido con una mezcla de curiosidad y escepticismo. Nadie sabía qué esperar. Ni siquiera él. Pero Dustin Johnson, capitán de los 4Aces GC, vio algo más: un destello, una chispa, quizá un recuerdo del jugador que fue. Lo fichó justo antes de Adelaida. Y allí, en un campo vibrante, con Jon Rahm y Bryson DeChambeau acaparando los focos, Kim decidió que era el momento de volver a ser él mismo.

La jornada final arrancó con Rahm y DeChambeau empatados en cabeza, mientras Cameron Smith, ídolo local, acechaba desde atrás. Kim, cinco golpes por detrás, parecía condenado a un papel secundario. Pero desde el cuarto hoyo empezó a escribir otra historia. Primero llegaron los birdies, discretos pero firmes. Luego, en la segunda vuelta, la explosión: cuatro birdies consecutivos del 12 al 15, celebrados con puños al aire, golpes de rabia y liberación, como si cada putt embocado fuera una pieza más de un pasado que se negaba a desaparecer. El público, incrédulo, pasó de seguir a Rahm y DeChambeau a dejarse arrastrar por la marea emocional de un jugador que parecía poseído.

Cuando embocó el birdie del 17, ya nadie dudaba: Anthony Kim estaba completando una de las vueltas más memorables del LIV. Un 63 final, nueve bajo par, para ganar con -23, tres golpes por delante de un Jon Rahm que nunca encontró su ritmo y que cerró con un discreto -1 para terminar en -20. Bryson DeChambeau, desbordado por la presión y por la irrupción de Kim, se descolgó con un +2 final que lo dejó empatado en -17 junto a Tyrrell Hatton y Peter Uihlein, completando así el grupo de los cinco primeros. Por detrás, el australiano Lucas Herbert y Dean Burmester firmaron -16, mientras que Cameron Smith, Sebastian Muñoz y Branden Grace cerraron el top ten con -15, todos ellos sólidos pero incapaces de seguir el ritmo del hombre del día.

Tras firmar la tarjeta, Kim apenas podía articular palabras. “No sé ni cómo explicar lo que siento”, dijo con la voz quebrada. “He pasado por lugares muy oscuros. Pensé que nunca volvería a competir, y mucho menos a ganar. Pero hoy… hoy he recordado quién soy”. A su lado, su hija Bella lo abrazaba con fuerza mientras su mujer Emily intentaba contener las lágrimas. “Nadie tiene que creer en mí excepto yo mismo”, añadió. “Pero saber que tanta gente me ha apoyado en este regreso… es algo que nunca voy a olvidar”.

“No sé ni cómo explicar lo que siento”, dijo con la voz quebrada. “He pasado por lugares muy oscuros. Pensé que nunca volvería a competir, y mucho menos a ganar. Pero hoy… hoy he recordado quién soy”.

Incluso Jon Rahm, derrotado pero elegante, quiso subrayar la magnitud del momento. “Lo que ha hecho Anthony es increíble”, comentó el español. “No he jugado mi mejor golf, pero eso no le quita mérito. Se ha ganado esta victoria golpe a golpe”.

El final fue puro cine: Kim, tras asegurar el par en el 18, se derrumbó en los brazos de su familia. Luego, uno a uno, todos los jugadores del LIV formaron una fila espontánea para abrazarlo. No era solo respeto: era reconocimiento. Habían sido testigos de un milagro deportivo. Y mientras él celebraba, el público australiano vibraba también con la victoria por equipos de Ripper GC, que logró remontar los cinco golpes de desventaja que tenía respecto a Legion XIII al inicio del día. El equipo de Cameron Smith completó una actuación coral que les permitió imponerse por dos golpes, dejando a Legion XIII en segundo lugar, a los 4Aces GC en tercera posición —impulsados por la victoria individual de Kim— y a los Crushers GC en cuarto puesto.

Así, en una tarde que parecía destinada a coronar a Rahm o DeChambeau, el golf decidió que era el momento de contar otra historia. La de un jugador que desapareció durante doce años, que tocó fondo, que volvió sin expectativas y que, en Adelaida, recordó al mundo quién era. Anthony Kim, el hombre que muchos daban por perdido, volvió para ganar. Y el deporte, por un día, volvió a ser un lugar donde los imposibles ocurren.

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