La tercera jornada del The Open Championship dejó a Jon Rahm en una posición incómoda, lejos de la pelea por el título y obligado a buscar este domingo una vuelta prácticamente perfecta para aspirar a un resultado notable en el cuarto major de la temporada. El de Barrika, que arrancará la jornada final desde el puesto T11 y con salida a las 12:55 pm BST, firmó un 70 que, aunque correcto en muchos tramos, volvió a evidenciar que su nivel esta semana no ha encontrado todavía la chispa necesaria para competir con los líderes.
Rahm completó sus primeros nueve hoyos en 34 golpes, un parcial que reflejó control y orden, pero también cierta falta de agresividad. Su juego largo fue más estable que en días anteriores, con buenas salidas en los hoyos 1, 3 y 6, y con una gestión inteligente del viento en los pares tres. Sin embargo, cada vez que tuvo una opción clara de birdie, el putt no acompañó. Esa sensación de estar cerca pero no concretar se repitió en los hoyos 4 y 8, donde dejó oportunidades que en un moving day resultan vitales para escalar posiciones.
En los segundos nueve hoyos, Rahm volvió a firmar 36 golpes, un tramo donde alternó momentos de solidez con otros de evidente frustración. El hoyo 13, un par cuatro que suele ofrecer opciones, se le atragantó más de lo previsto, y en el 15 —uno de los puntos clave del recorrido— no pudo aprovechar una buena aproximación que merecía mejor premio. Aun así, su actitud competitiva se mantuvo intacta, especialmente en los hoyos 17 y 18, donde cerró con dos pares muy trabajados que evitaron un daño mayor en la tarjeta.
Tras entregar su vuelta, Rahm fue claro y autocrítico: “No he jugado mal, pero tampoco lo suficientemente bien como para estar arriba. Me falta precisión en momentos clave y eso, en un Open, se paga. Mañana saldré a pelear, a buscar una vuelta baja y a ver hasta dónde puedo llegar”. El vasco sabe que su margen es mínimo, pero también que su talento le permite soñar con un domingo de remontada si encuentra ritmo desde el inicio.
Con –4 total, Rahm afronta la última jornada con la obligación de atacar y con la esperanza de que Royal Birkdale le permita, por fin, desplegar su mejor versión en un torneo que siempre exige excelencia.