La última vuelta de Sergio García en Augusta 2026 quedará registrada no tanto por el 75 final —un +3 que lo dejó lejos de cualquier aspiración— sino por una escena impropia del campeón del Masters 2017 y que tensó, como pocas veces, la relación con los rectores del Augusta National. El estallido de frustración en el tee del 2, donde reventó la madera de salida, y la posterior rotura del driver contra un arcón de bebidas, marcaron un día áspero, incómodo y que dejó una imagen que nadie en el club quería ver.
Una vuelta áspera desde el inicio
El arranque ya anticipaba turbulencias. En el 1, Sergio firmó un bogey (+1) tras un segundo golpe que se quedó corto y un putt de par que lamió el borde. En el 2, el hoyo que desencadenó todo, llegó otro 5 que lo mantuvo en +1, pero la secuencia emocional fue mucho más grave que el resultado. Tras un mal swing y un gesto de rabia, el español golpeó el tee con tal fuerza que lo destrozó, y después antes de la bajada hacia la calle, descargó su frustración contra el arcón, rompiendo el driver y partiendo su varilla. Un miembro del comité lo reprendió minutos después, recordándole los estándares de conducta del torneo.
Sin su palo más largo, García afrontó el resto del recorrido con una desventaja evidente. Aun así, logró estabilizarse: bogey al 3 (+2), par al 4, par al 5, birdie al 6 que lo devolvió a +3, y un sólido 3 en el 7 que mostró temple pese al incidente. Cerró la ida con pares en el 8 y 9 para un 38 (+2).
Una segunda vuelta de supervivencia
La vuelta interior fue más contenida, aunque sin opciones de recuperar terreno. Encadenó pares del 10 al 13, mostrando oficio desde el tee con maderas alternativas y hierros largos. El bogey del 14 lo devolvió a +3, pero respondió con un buen 4 en el 15, evitando males mayores en un hoyo que históricamente le ha dado alegrías y disgustos. Los pares finales del 16, 17 y 18 sellaron un 37 en la segunda mitad y un total de 75 golpes (+3).
Un Masters que reabre viejas heridas
El episodio recordó otros momentos tensos de su carrera: la rabieta en Sawgrass 2013, los golpes a la arena en Dubái o la frustración acumulada en sus años previos al triunfo de 2017 en Augusta. En este campo, Sergio ha vivido capítulos brillantes —la chaqueta verde, múltiples top‑10, golpes memorables en el 13 y el 15—, pero también jornadas donde la presión lo desbordó.
Esta vez, más que el resultado, lo que queda es la imagen: un campeón del Masters perdiendo los papeles en el escenario más sagrado del golf. La pregunta ahora es si este episodio será un punto de inflexión o un borrón pasajero en una carrera tan brillante como emocionalmente volcánica.
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