La victoria de Matt Kuchar y su hijo Cameron en el PNC Championship tuvo un significado profundamente emocional para la familia, marcada este año por la muerte de Peter Kuchar, padre del jugador. Para Matt, cerrar la temporada con este triunfo junto a su hijo fue casi un acto de destino. Desde el inicio del torneo, la pareja mostró un nivel de juego extraordinario, firmando un 18 bajo par en la última jornada y logrando una victoria por siete golpes, en una actuación que batió récords y dejó sin opciones al resto de competidores.
El torneo, concebido como una celebración familiar del golf, terminó con Matt Kuchar visiblemente emocionado, incapaz de contener las lágrimas al recordar a su padre, fallecido en febrero durante un crucero por el Caribe. La figura de Peter Kuchar, antiguo número uno de Florida en dobles de tenis y caddie de su hijo en sus primeros grandes éxitos —incluido el U.S. Amateur de 1997—, estuvo muy presente durante toda la semana. Para Matt, el golpe final, un hierro 7 a apenas medio metro del hoyo, fue casi una señal: confesó que apenas podía mantenerse en pie por la emoción y que sentía que su padre estaba allí, acompañándolo.
El honor del putt final fue para Cameron, todavía estudiante de secundaria y autorizado a jugar desde un tee adelantado. Su potencia desde el tee y la precisión de su padre formaron una combinación imparable. Apenas hicieron dos pares en toda la jornada y sumaron dos eagles, terminando con un total de 33 bajo par, cinco golpes mejor que el récord anterior del torneo.
El resto de equipos, incluidos John Daly y John Daly II, Davis Love III y Dru Love, o la pareja formada por Nelly Korda y su padre, reconocieron pronto que no había forma de alcanzar a los Kuchar. Incluso un momento mágico protagonizado por Lee Trevino, que embocó un wedge desde la calle con 86 años, quedó eclipsado por la superioridad de los campeones.
Para Matt Kuchar, que ya había ganado THE PLAYERS en 2012 y acumula nueve victorias en el PGA TOUR, esta imagen familiar tiene un valor especial. Recordó cómo en sus primeros triunfos podía sostener a sus dos hijos en brazos, algo imposible ahora que han crecido. La foto de esta victoria, dijo, es preciosa pero también dolorosa, porque falta alguien. Aun así, la semana fue mágica, un homenaje involuntario pero perfecto a la memoria de Peter Kuchar, y la confirmación de que, esta vez sí, era el momento de los Kuchar.
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