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Opinión

Jon Rham, el académico

lunes 17 de octubre de 2016, 18:21h
Es indudable que España es un país con genios deportivos en especialidades que no han sido ni son mayoritarias. Cuando nadie, o casi nadie, jugaba al tenis, emergió Manolo Santana y se adjudicó los principales torneos de la especialidad, partiendo de ser un simple recogepelotas.

Y qué decir de nuestro Severiano, dando bolas en la playa de Pedreña, llegó a conseguir lo inimaginable en el golf al poseer uno de los principales palmarés de este deporte en el mundo. Ángel Nieto, al que conozco bien, consiguió doce más un campeonatos del mundo cuando en nuestro país tenía moto el que no podía comprarse un coche.

En la actualidad están el caso de Carolina Marín y Javier Fernández, campeones del mundo en bádminton y patinaje sobre hielo respectivamente, que han llegado a lo más alto en su especialidad y han amasado una cantidad de medallas de oro que nadie, o casi nadie, podía augurar, ya que no hay una gran actividad en estos deportes y el número de licencias es escaso.

Carolina Marín y Javier Fernández han podido juntar su talento con el academicismo y han tenido que hacerse ese lugar privilegiado en el mundo saliendo fuera de España y aprendiendo fuera la técnica en sus especialidades, situación muy distinta a la que tuvieron en su día Santana, Severiano o Nieto.

Todo este preámbulo tiene como fin llegar a la irrupción en el mundo del golf de Jon Rahm. De todos es sabido que con el talento para cualquier actividad hay que nacer con ello de serie y Jon vino al mundo con ello. Para acentuar esa capacidad dió todos los pasos posibles para desarrollar su juego, primero aquí en España y luego hasta confirmar la excelencia en la universidad estadounidense de Arizona.

Allí compitió todo lo que un joven jugador puede hacerlo en la unidad de tiempo hasta llegar a ser el mejor amateur del mundo. Todo este juego y una competición continuada fueron compatibles con una formación universitaria tan importante en cualquier profesión o faceta de la vida.

Jon ha dado el paso de amateur a profesional este año en que nos encontramos y lo ha hecho como si fuera una lógica continuidad. Eso que parece tan fácil, creo sinceramente que no lo es. El hecho de tener continuamente a tu lado los medios de comunicación y que no se hable de otra cosa en el mundo del golf, me imagino que desastabiliza a cualquiera, sobre todo cuando se ha entrado recientemente en la veintena.

Hay que tener una gran formación para asumir todo eso en tan poco tiempo. Su juego ha sorprendido a los extraños pero no a los propios, ya que estos eran conscientes de su talento, su trabajo y su tremenda dedicación. En España se han aireado otras actuaciones que teníamos más cerca de casa, pero en el caso de Jon, como estaba en EEUU las referencias llegaban con cuentagotas, y claro se hablaba de un magnífico amateur que arrasaba pero en el campo aficionado. Aquí primaban más esos profesionales que de vez en cuando ganaban un torneo.

Ahora ha subido el telón y nos encontramos con un profesional extraordinario que en unos pocos torneos, al final de la temporada, ha sido capaz de conseguir los números necesarios para tener la tarjeta de PGA estadounidense dentro de unas actuaciones más que relevantes.

Estamos ante uno de los grandes. Aúna sus actuaciones brillantes con algún que otro fallo, lógico. Pero lo importante, por lo menos hasta ahora, es su poder de reacción. Me imagino que cada torneo que dispute en estos tiempos serán una clase magistral que engrandecerán su juego y su actitud ante ese horizonte tan prometedor.

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