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Opinión

Perder el swing pero no la cabeza

lunes 11 de mayo de 2015, 13:39h
Hace unos días vimos un episodio entre dos grandes golfistas como Miguel Ángel Jimenez y Keegan Bradley algo desagradable, en la que además intervino el caddie del segundo, que terminó con una acalorada discusión y malos modos hacia el malagueño.

También pudimos ver unas semanas atrás reacciones como la de Mcillroy, que aunque poco habitual en él, lanzaba un palo al agua tras un mal tiro. Sólo con ver una competición deportiva es fácil ver reacciones de ira e incluso agresividad durante el juego, y es que, cuando uno sale a competir, va a darlo todo y eso engloba unos altos niveles de activación que deja las emociones a flor de piel y te hace más vulnerable a perder el control.

Es importante no caer en la trampa emocional y aprender a manejar las emociones bajo presión ya que espectáculos como éstos, no sólo resultan desagradables para los otros jugadores o espectadores, sino que pueden afectar a la autoestima del propio jugador. En definitiva ¡no aporta nada! Es cierto que en "momento caliente" es lo que te pide el cuerpo y puede que te quedes "a gusto", pero nadie debería sentirse orgulloso o satisfecho tras una reacción así y lo normal es que al poco tiempo de hacerlo te sientas avergonzado.

El deporte es la mejor escuela de la vida posible, y concrétamente el golf transmite una serie de valores como la honestidad, la gestión de situaciones bajo presión, la constancia, o el optimismo que convierte a los jugadores en modelos de conducta a seguir. Parece que en la profesión del deportista la pérdida de control está de alguna forma consentida y excusada por la tensión de competición, pero mayor estrés sufre un médico cuando opera y no lo vemos gritando y lanzando bisturís por los pasillos cuando no salen las cosas como quiere. Desarrollar la capacidad de autogestionarse debería ser una asignatura obligatoria en el deporte, especialmente para los jugadores de alto nivel, ya que están muy expuestos públicamente y se convierten en un referente para todos y en especial para los más jóvenes.

Si hay algo que nos diferencia de los animales es nuestra capacidad para autorregularnos, una habilidad que entra dentro de lo que se conoce como Inteligencia Emocional, de la que ya hablaba Platón cuando hacía referencia a "Sofrosina" considerada por la mitología griega la personificación del autocontrol, y que hoy se considera clave en el pronóstico del éxito, no sólo en el deporte sino en la vida.

Hay que ser consciente de que enfadarse es una elección y que el autocontrol es una habilidad y como cualquier otra se entrena. La ira, como el resto de emociones (tristeza, vergüenza, alegría...) la creamos a través de nuestros pensamientos. Sabemos que lo que pensamos y nos decimos a nosotros mismos crean nuestras sensaciones, y que estas son las que determinan en gran parte el comportamiento; por ello es fundamental que elijas lo que piensas y te responsabilices.

Es importante no echar balones fuera y aprender a desarrollar lo que los psicólogos denominamos Locus de Control interno, cogiendo el control de la situación sin culpar a la mala suerte, las circunstancias u otras personas. Por ello, mientras compites, cuando sientas que empiezas a pensar negativo y alterarte, pregúntate primero si estás haciendo todo lo que está en tu mano para que las cosas salgan bien; Si hay algo que no estás controlando y que depende de ti, tenlo en cuenta y asegúrate de hacerlo correctamente; si por el contrario estás haciendo todo lo que puedes pero aún así no están saliendo las cosas como te gustaría por factores que se escapaban de tu control, no puedes reprocharte nada, acepta que forma parte del juego y céntrate en controlar lo controlable.

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