La ausencia de Marco Penge en el próximo U.S. Open supone un golpe inesperado para uno de los jugadores que más había crecido en los últimos dos años. El inglés, que afrontaba su primera temporada como miembro dual del PGA TOUR, ha decidido retirarse del tercer major del curso mientras continúa buscando respuestas a los problemas de salud que arrastra desde finales de 2023.
El origen de este calvario se remonta al DP World Tour Championship de Dubái, donde sufrió una infección vírica que desencadenó un cuadro persistente de síntomas: infecciones sinusales, episodios de vértigo, molestias cervicales y una sensación de inestabilidad que ha condicionado tanto su preparación como su rendimiento competitivo.
Desde entonces, Penge ha tenido que retirarse del Sony Open en Hawái, del Myrtle Beach Classic y llegó muy mermado al PGA Championship, donde no superó el corte. Antes de viajar a Aronimink, se sometió a una resonancia magnética para descartar problemas mayores, pero los síntomas continuaron.
Tras fallar el corte en Pensilvania, el inglés anunció que necesitaba un parón indefinido: “Volveré en cuanto me sienta en plena forma. Podría ser en dos semanas o en dos meses… pero espero poder jugar el U.S. Open”, declaró entonces al DP World Tour. Sin embargo, la evolución no ha sido suficiente.
La renuncia al U.S. Open: un paso atrás necesario
A pocos días del inicio del torneo en Shinnecock Hills, Penge confirmó en sus redes sociales que no competiría:
“Lamentablemente, mi equipo y yo hemos decidido retirarnos del Campeonato @usopengolf. Me da mucha pena tener que retirarme de una competición importante, pero mi salud es lo primero. Todavía no hemos dado con la causa principal de mis problemas de salud… solo necesito más tiempo para hacer las cosas bien.”
El mensaje, sincero y prudente, refleja la frustración de un jugador que venía de firmar una temporada brillante en el DP World Tour, con tres victorias y un salto cualitativo que le abrió las puertas del circuito estadounidense. En 2026, su mejor resultado había sido un cuarto puesto en el Valspar Championship, prueba de que su nivel competitivo seguía intacto cuando el físico se lo permitía.