La primera vuelta de Scottie Scheffler en el U.S. Open 2026 dejó una sensación de desgaste más que de decepción. Su 72 golpes (+2) en Shinnecock Hills lo ubicó en una discreta cuadragésimo novena posición, lejos del liderato y con la certeza de que el campo, castigado por el viento y la dureza habitual del torneo, no concedió tregua en ningún momento. El número uno del mundo, que persigue completar el career Grand Slam, vivió una jornada de supervivencia en la que cada error se pagó con intereses.
Scheffler comenzó sólido, con pares en los tres primeros hoyos, pero el bogey del 4 abrió una grieta que el texano tardó en cerrar. Su primer parcial, un 38 (+3), estuvo marcado por un doble bogey en el 8, donde un mal golpe de salida lo obligó a jugar desde el rough, luego desde un bunker a 40 yardas del green y finalmente a tres putts que reflejaron la crudeza del desafío. Aun así, logró cerrar la primera mitad con un par en el 9 que, como él mismo reconoció después, “fue un pequeño alivio dentro de un tramo muy complicado”.
En los segundos nueve hoyos, Scheffler mostró una versión más combativa. Birdies en el 11, 13 y 17 le permitieron equilibrar una vuelta que amenazaba con desbordarse. El bogey del 16 —un par 5 convertido en monstruo por el viento de 25 mph— fue especialmente significativo: tras un maderazo que perdió en el horizonte, el estadounidense tuvo que subirse a un bunker a 150 yardas del green para ver la bandera. “Tenías que pegar un golpe perfecto para evitar el castigo”, explicó después. “‘Bueno’ te dejaba en problemas; ‘muy bueno’ simplemente te mantenía en juego”.
El cierre, con un sólido par en el 18 tras un gran sand save, dejó su tarjeta en 34 golpes en la segunda vuelta, suficiente para mantenerse dentro del torneo pero lejos de su mejor versión. “Si me dices en el hoyo 9 que iba a firmar +2, lo habría aceptado sin dudar”, admitió. “Ha sido un día durísimo, pero esto es un U.S. Open: le pasa a todo el mundo”.
Con 54 hoyos por delante, Scheffler sabe que necesita ajustar detalles y, sobre todo, adaptarse a un Shinnecock cambiante. Su posición no es ideal, pero su capacidad para remontar en grandes escenarios sigue intacta.
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