Este artículo iba a estar destinado a su participación final en la segunda temporada de TGL, la gira compuesta por 6 equipos que disputan partidos entre sí, a 15 hoyos y en un simulador. Sí, estamos hablando de un TGL que básicamente tiene a él como principal factor para su subsistencia. Y ahí está el gran problema de lo que hablaremos hoy: el mejor jugador de estos últimos tiempos como centro de atracción indispensable de muchas actividades de nuestro deporte y el mejor jugador de estos últimos tiempos teniendo que convivir de manera más directa con sus demonios internos. Bueno, consideramos que esto es una historia conocida, sabiendo la experiencia que Argentina tiene en temas de este tipo.
Ernesto Cherquis Bialo, histórico periodista uruguayo (que vivió de chico en Argentina) recientemente fallecido y uno de los biógrafos del protagonista que nombraremos a continuación, explicaba que "hay muchos Diego Armando Maradona: un Maradona que jugó al fútbol, un Maradona que alcanzó la celebridad, hay un Maradona hijo (que murió cuando murieron sus padres), hay un Maradona padre, hay un Maradona amigo, hay un Maradona afectivo, hay un Maradona sublime, hay un Maradona abyecto, hay un Maradona fenomenal, hay un Maradona de frases sublimes y hay un Maradona cuyas frases es mejor no recordar. Es la suma de todo eso, en un solo hombre: un genio. Una maravilla. Fiorito y Dubai. Barro y siete estrellas. Canillas de oro y letrina. Maradona es el producto de todo eso y el mejor jugador de futbol argentino y de todas las épocas". Básicamente, me permito definir esto como LA TEORÍA DE LAS MIL CARAS, tan perfectamente explicado. Es que Diego Armando Maradona nos abrió puertas a los argentinos, por lo bueno y por lo no tan bueno. Pero todo el tiempo convivió con una masividad a su alrededor, que nunca lo imaginaba y que por momentos era tortuosa, inconscientemente o conscientemente. Los "amigos del campeón" fueron millones (y lo dejaron morir como un perro), como así también fueron millones la gente que lo quería ver en su esplendor. ¿Cómo se convive con ese nivel de exposición durante toda tu vida? No lo estoy justificando, lo estoy describiendo. ¿Se dan cuenta que si yo hablo de Tiger Woods de esta manera, incluyendo en su biografía a lo que pasó este sábado, el texto que acabo de desarrollar encajaría perfecto?
No es el primer accidente y no es el primer momento oscuro automovilístico en la historia de Tiger Woods. El de 2009 trajo la tristemente famosa separación con Elin Nordegren por su adicción al sexo, pero se había detectado su consumo de analgésicos y somníferos. Y parecía una simple, indeleble y típica mancha de personas famosas que viven bajo el ojo de todos, que quedaba ahí. Pero después llegaron las eternas lesiones en la espalda, el empezar a convivir con el dolor crónico y el arresto de 2017 por estar conduciendo bajo los efectos de las drogas, en donde Woods hablaba de “una reacción inesperada” ante la gran cantidad de medicamentos que debía tomar por esa maldita espalda. Luego, el inolvidable The Masters 2019, el romper los techos de lo pensado y el subir la vara nuevamente, poniendo todo lo conflictivo en un plano más que secundario. Sin embargo, posteriormente aparecía el terrorífico despiste en las carreteras de Los Ángeles (durante el año 2021): un despiste que casi le cuesta la vida, que casi le cuesta la pierna derecha y que no tuvo ningún tipo de análisis sobre Woods, entendiendo (erróneamente, según nuestro criterio y viendo su última situación) que el hecho de estar tan cerca de la muerte no ameritaba en insistir sobre estos procedimientos. Lamentablemente, ese historial ayudaría a entender la resolución de lo que pasó ayer.
Los primeros informes hablaban de que estaba con su familia. Ahora bien, según el Sheriff del condado de Martin (Florida), Woods iba solo con su camioneta Land Rover e intentó pasar a un camión con remolque. El problema fue que volcó y quedó apoyado sobre el costado del conductor. Pudo salir de su asiento, pero lo encontraron letárgico. Y a la hora de realizar los estudios correspondientes, Woods pasó el examen de alcoholemia, pero se negó a realizar los exámenes de orina, lo que derivó en un arresto de 8 horas, considerando a la negación del cumplimento completo de estos exámenes como presunción de estar conduciendo bajo los efectos de sustancias no permitidas para el manejo. Y todo esto tuvo su severidad por los antecedentes que comentamos anteriormente: antecedentes que ahora tienen sentido, si uno los puede ver con un mayor detenimiento.
🚨🐅🚔 #WATCH — Fore Play Podcast star, @RiggsBarstool on Tiger Woods DUI arrest: “You think I told our team to not post about Tiger Woods DUI and to protect him, you’re goddamn right I did…”
No se crean que para mí es grato tener que escribir esto, como así tampoco fue para mí grato el hecho de tener que hablar en el momento que Ángel Cabrera había sido puesto en prisión. Y ya que lo nombramos a "El Pato", ¡miren cómo se recuperó después de ese momento en prisión! La cárcel lo rehabilitó, superó sus demonios, pagó sus culpas y está aprovechando a la perfección la nueva oportunidad que la vida golfística le dio en el Champions Tour, acompañado actualmente de gente que lo quiere ver bien y concentrado en seguir por el buen camino. En otras palabras: necesitó ayuda, la aprovechó al máximo y siguió adelante. Y lo mismo tiene que pasar con Tiger Woods. Hoy, a Tiger Woods no se lo está ayudando con poner sobre sus hombros a un TGL que le cuesta independizarse de él y no se lo está ayudando haciéndolo cargo del Comité de Competencias Futuras. Por otra parte, a Tiger Woods no se lo está ayudando con aduladores que se disfrazan de periodistas (en referencia a lo que vimos con Sam Bozoian, de Barstool Sports. Se lo conoce como "Riggs") y no quieren mencionar el tema. Y créanme que aquí tampoco se trata de hacer leña del árbol caído. Pero si amamos a Tiger Woods y somos agradecidos a que él fue una de las razones por la cual muchos de nosotros comenzamos golf, es nuestra obligación periodística y moral de decirle a él e informar que no está bien y que tiene que buscar la solución a estos problemas, dándose prioridad a él mismo. Y esto tiene que ser el último llamado de atención considerable, dejando de lado su inscripción al próximo U.S. Senior Open, el The Masters y la posibilidad de ser capitán del equipo estadounidense en la próxima Ryder Cup. Es momento de que Tiger Woods muestre responsabilidad por ayudarse a él mismo y que nosotros se lo hagamos notar. Actualmente, la mejor manera de contribuir al deporte que él tiene es esa: pensar en solucionar sus demonios y dejarse ayudar para que eso pase.
Vuelvo a LA TEORÍA DE LAS MIL CARAS. La grandeza de Tiger Woods no está en sus logros, sino en soportar y pasar puntos de la vida mucho más bajos que el resto y muchos más altos que el resto. Eso lo hace único e irrepetible. Pero por el bien de él mismo y por el bien del golf, este es el momento para que logre darse cuenta de que su próxima competencia tiene que ser contra el hecho de salir de las profundidades en las cuales está inmerso actualmente: profundidades que quedaron al desnudo para los que amamos esta actividad.