La 105ª edición del New Zealand Open vivió este domingo una jornada histórica con la victoria de Daniel Hillier, que puso fin a una sequía de nueve años sin un campeón local en el torneo.
El neozelandés, de 28 años, firmó una última vuelta de 67 golpes para un total de -22, culminando una semana de golf sobresaliente en la que mostró un control absoluto de su juego y una madurez competitiva que confirma su crecimiento internacional. Con vueltas de 63, 68, 64 y 67, Hillier dominó el campeonato desde la solidez y la calma, especialmente en los momentos decisivos del tramo final. Su triunfo, además, llega apenas una semana después de su boda, un detalle que él mismo destacó emocionado al recoger el trofeo. “Es el segundo mejor día de mi vida, solo por detrás de mi boda la semana pasada”, confesó.
“Desde que empecé a jugar este torneo, siempre soñé con ganarlo. No sé cuántas veces lo he disputado, pero era el que más deseaba. Haberlo conseguido hoy, en casa, es algo que recordaré para siempre”. El principal perseguidor del campeón fue el australiano Lucas Herbert, que también cerró con un 67 para terminar en -20. Herbert, que había remontado tras un inicio complicado el jueves, mantuvo la presión hasta el final, pero no pudo igualar los birdies consecutivos de Hillier en los hoyos 11 y 12, que resultaron decisivos.
Aun así, el australiano mostró deportividad y admiración por el triunfo local. “Ver a Dan, recién casado y ganando su Open nacional, es algo bonito. No sé si la vida puede ser mejor para él ahora mismo”, afirmó.
El tercer puesto fue compartido por el neozelandés Kerry Mountcastle y el japonés Tomoyo Ikemura, ambos con -17. Mountcastle llegó a estar en la pelea, pero dos bogeys alrededor del turno frenaron sus opciones, mientras que Ikemura firmó un sólido 67 que le permitió escalar posiciones. En quinta posición terminó el australiano Travis Smyth, que con -16 completó una semana muy regular, destacando especialmente su brillante 63 del viernes.
La victoria de Hillier se cimentó en su capacidad para gestionar la presión en los hoyos finales. “Sabía que no sería fácil. Herbie es un jugador de enorme calidad y tenía que mantener la cabeza fría. La adrenalina estaba a tope, pero estoy muy orgulloso de cómo aguanté”, explicó el campeón, que ya inscribe su nombre en el Brodie Breeze Trophy y confirma su condición de referente del golf neozelandés.