Cruzo los dedos a estas alturas para que la PGA de América no haga un Augusta y dulcifique las condiciones del diseño de Donald Ross que tan buen juego ha regalado en este arranque de PGA Championship. En cada major que piso, estoy acostumbrado a ver un camino completamente inverso, un campo más duro en los días de prácticas que nada tiene que ver cuando el jueves a primera hora se pega el primer golpe oficial. Aronimink, con un rough denso, pero no injugable, sin unas velocidades disparatadas de unos movidos greenes, sin un fuerte viento que condicione, ha sido una trampa para los jugadores, precisamente por la combinación de todo lo descrito, unido a posiciones de bandera interesantes. Es el resultado más alto en 18 años de PGA Championship y la primera vez desde 1977 que siete jugadores parten empatados tras la primera jornada. Dificultad y emoción. Aplausos para la PGA de América.
Profundizando un poco en el porqué de una jornada racana en birdies, el rough y los greenes son los principales factores. El promedio de cercanía a bandera de golpes desde rough en el día de ayer arrojó una media de cuatro metros y medio más lejos del hoyo de lo que se promedia normalmente en el PGA Tour. Cada vez que un jugador del PGA Championship falló un green, dejó la bola un 33% más lejos de lo que normalmente la deja en cada semana de competición; este dato habla de la complejidad de los greenes.

Jon Rahm ha salvado los muebles en una ronda donde no ha embocado ni un solo putt más largo de dos metros. Un dato que llama mucho la atención teniendo en cuenta su resultado de -1, fabricado gracias a dos chispazos puntuales: el eagle (su primero en un PGA Championship) embocado en el hoyo 2 desde 90 metros y el chip desde 20 en el hoyo 8. El birdie final del hoyo 9 fue gracias a dejar la bola dada. Donde el español sigue mostrándose en forma es alrededor de green, donde ayer ganó casi tres golpes con respecto a la media del torneo. En los greenes perdió más de un golpe, en un terreno donde el australiano Potgieter dio una auténtica exhibición ganando más de cinco golpes.
Hablando de estadísticas y españoles, David Puig (+1) fue el segundo mejor jugador desde el tee de salida, con más de dos golpes ganados al campo y muy cerca del líder en esta parcela, el japonés Hisatsune. Donde no estuvo tan fino el español fue ni alrededor de green (medio golpe peor que la media del torneo) ni sobre los greenes, donde perdió un golpe. Los mejores números de Ángel Ayora llegaron también desde el tee, con más de un golpe ganado, aunque el resto de estadísticas fueron más bien discretas.

Y traspasando el camino de la discreción, llegamos al del desastre, donde Bryson DeChambeau terminó con 76 golpes, logrando superar solo a 15 jugadores, de los cuales 10 son profesionales de club. Sus recuperaciones alrededor de green fueron ayer catastróficas; recordemos que uno de los jugadores estrella del LIV Golf viene también de fallar el corte en el Masters de Augusta. Sobre par tenemos a Ludvig Åberg y Tyrrell Hatton en +2, Rory McIlroy y Viktor Hovland en +4 y Wyndham Clark en +5. Rory, sin tapujos, calificó su golf como “una mierda” y sus números así lo atestiguan; en la única estadística donde no perdió golpes fue desde el tee de salida.
Uno de los siete co-líderes es el alemán, Martin Kaymer, ganador aquí en 2010, sus 67 golpes es la ronda más baja del alemán en 2.100 días. El martes en la cena de campeones, alguién de la PGA de América bastandte despistado le preguntó si iba a juagr esta semana..."Me preguntó si estaría, si aún juego…. No voy a volar desde Europa hasta aquí para comer un filete con ustedes…", respondió.
A Higgo se le paró el reloj

Aunque para frases sin sentido, la explicación, casi trabalenguas de Garrick Higgo, el jugador sudafricano de 27 años que fue penalizado con dos golpes por llegar un minuto tarde al tee de salida. “Llegué a tiempo, pero la regla es que si llegas un segundo tarde, llegas tarde. Así que si lo piensas, estuve allí a tiempo”. Su hora de salida era las 7:18 e incomprensiblemente el jugador se despistó en el putting green y alrededor de la salida del primer tee. La clave es exactamente la medición del tiempo exacto. Desde la PGA nadie pudo demostrar exactamente ese retraso del sudafricano, aunque la ESPN grabó al jugador llegar al tee justo a las 7:19, en lo que se escudan los organizadores para aplicar la regla 5.3a. Higgo corría hacia el primer tee, putter en mano, y su caddie y todos los demás lo esperaban. El starter le entregó a Higgo su tarjeta de puntuación y le informó de que le habían impuesto una penalización de dos golpes. Me parece perfecta la aplicación rigurosa de las reglas, más aún cuando se trata de tiempos y teniendo en cuenta hasta los segundos; ojalá siguieran el mismo rasero e hicieran más caso al cronómetro cuando hablamos de juego lento.
Chuletazo de Jon Rahm
En el hoyo 7, tras un mal golpe desde el rough, el de Barrika pagó su frustración con la hierba alta del campo. Su gesto tras el fallo fue un swing de rabia contra la hierba que provocó que la chuleta se estampara directamente contra la cara de un voluntario. “No puedo sentirme peor”, reconoció. El español admitió tras la ronda que necesita localizar al voluntario para entregarle un regalo y disculparse como es debido. “Es inexcusable y fue algo completamente evitable. Fuera o no mi intención, simplemente no estuvo bien”. La PGA de América confirmó que no habrá sanción para el español.