Rory McIlroy aterrizó en Dubái con la serenidad de quien conoce cada rincón del Emirates Golf Club y, al mismo tiempo, con la determinación de empezar el año marcando territorio. A pocas horas del arranque del primer Rolex Series de la temporada, el norirlandés ofreció una rueda de prensa en la que dejó claras sus prioridades para 2026: jugar donde realmente quiere jugar, recuperar la alegría del proceso competitivo y mantener el entusiasmo que, según él, es la clave para que los resultados vuelvan a llegar por sí solos. Tras un 2025 histórico, en el que conquistó el Masters para completar el Grand Slam, ganó el Irish Open, fue pieza clave en la retención de la Ryder Cup en Bethpage Black y cerró el año levantando su séptimo Harry Vardon Trophy, McIlroy insistió en que no piensa relajarse ni un ápice. Su objetivo, dijo, es centrarse en “hacer bien las otras cosas”, aquellas que no siempre se ven pero que sostienen el rendimiento de un jugador de élite.
En su intervención, McIlroy habló con franqueza sobre la necesidad de elegir mejor su calendario y competir únicamente en los torneos que le ilusionan. Reconoció que, después de dos décadas de carrera, el trabajo invisible —las horas interminables en el campo de prácticas, la repetición mecánica de golpes, la rutina diaria— puede volverse tedioso si no se encuentra un propósito renovado. Por eso, explicó, está intentando reencontrar la alegría en cada parte del proceso, desde la preparación hasta la competición. “Lo que realmente me alegra es jugar al golf”, afirmó, subrayando que ahora pasa más tiempo en el campo que en el campo de prácticas, una decisión que le ha devuelto frescura y motivación.
El Hero Dubai Desert Classic ocupa un lugar especial en su trayectoria, y él mismo recordó que esta semana se cumplen veinte años desde su debut en el torneo como amateur de 16 años. Aquel corte superado en 2007 lo catapultó al número uno del ranking mundial amateur, y dos años más tarde ganó allí su primer título profesional. Desde entonces, Dubái se ha convertido en una especie de hogar deportivo para McIlroy, un escenario donde ha acumulado siete victorias, ocho segundos puestos y 37 top-ten en los Emiratos Árabes Unidos. Su romance con la región continuó la semana pasada en el Dubai Invitational, donde terminó tercero, a solo dos golpes de Nacho Elvira. Ahora, con la posibilidad de conquistar su quinto Trofeo Dallah, McIlroy llega con la confianza intacta y la convicción de que este es “el lugar perfecto para empezar el año”.
Más allá de su propio juego, el norirlandés también abordó uno de los temas más comentados en las últimas horas: la situación de Jon Rahm y Tyrrell Hatton respecto a la Ryder Cup. McIlroy fue claro al expresar su deseo de que ambos jugadores paguen las multas pendientes con el DP World Tour, requisito indispensable para ser elegibles de cara al equipo europeo. Considera que su presencia es fundamental para mantener la fortaleza del conjunto y que, pese a las tensiones generadas por los movimientos hacia LIV Golf, el espíritu de equipo debe prevalecer. Su mensaje, directo pero conciliador, refleja su papel como líder natural dentro del vestuario europeo y su compromiso con la continuidad del proyecto que tantas alegrías ha dado en los últimos años.
En conjunto, la rueda de prensa de McIlroy en Dubái dejó la imagen de un jugador maduro, consciente de su legado pero todavía hambriento de nuevos retos. Su enfoque para 2026 combina ambición, libertad y una búsqueda deliberada de disfrute personal, ingredientes que, según él, serán determinantes para seguir sumando victorias. Con el primer Rolex Series del año a punto de comenzar, McIlroy vuelve a situarse en el centro de todas las miradas, dispuesto a demostrar que su historia con Dubái —y con el golf europeo— aún tiene muchos capítulos por escribir.