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Opinión

'100 comidas', por Carlos García Hirschfeld

"100 comidas", por Carlos García Hirschfeld

Por lo menos. Son las apuestas que fui haciendo en los últimos años con amigos y compañeros de profesión acerca de la posibilidad de que Sergio García ganara un Grande antes de retirarse. Hoy estoy convencido de que decenas, cientos, miles de aficionados y periodistas especializados llevarán desde abril diciendo: “Ya lo decía yo. Que Sergio tenía que ganar su Grande en cualquier momento.” Y muchos mienten como perros. Con Sergio ha pasado lo que en España ha sucedido con tantos otros. Ascenso fulgurante. Nueva estrella; “el nuevo Seve”, “el nuevo Chema”, decían. Y encima Sergio era simpático, espontáneo y todo el mundo quería adoptar a ese “Niño” al que se habrían llevado a casa para atiborrarle de vasos de ColaCao y galletas oreo bañadas de chocolate.

Pero el niño creció y hubo un día en el que un maldito putt de menos de 3 metros estuvo a punto de entrar en el puñetero último hoyo del último green del último día del aquel Open de Carnoustie. Pero no entró. Y ese putt que no entró se acabó convirtiendo en una losa de tres toneladas sobre el ánimo y la confianza no sólo de Sergio, sino de muchos de los que le rodeaban.

A pesar de que Sergio siguió ganando torneos muy importantes y se mantuvo esencial en los equipos europeos de diversas Ryder, empezaron las sospechas, los mensajes desafiantes, las críticas aceradas y alguna reacción de Sergio agrandada por el boca-oreja hasta convertir cualquier tontada en poco menos que una declaración de guerra. Y Sergio, en unos años, dejó de ser para la mayoría, en España, un tipo simpático.

Ibas jugando por ahí y, si te encontrabas con alguien que te preguntaba por Sergio, te contaba vete tú a saber qué gilipollez y, cuando le preguntabas: “pero ¿tú estabas cuando pasó esto?” jamás te decían que sí. Pero lo ponían a parir. Que si era maleducado, altivo, que no saludaba y, la más famosa; que dejó tirado a un importante empresario en un proam. No tengo ni idea de lo que pasó en aquel proam, pero ¿alguien se ha preguntado alguna vez si no pudo suceder que el imbécil integral en ese torneo fuera el amateur?

Yo no soy amigo íntimo de Sergio. Tengo con él una muy buena relación desde hace muchos años. Los suficientes como para saber que es un buen tipo. Que es simpático, bromista. Que es consciente de la responsabilidad que lleva cargando sobre los hombros desde que, sin barba que afeitar todavía, empezó una carrera profesional fulgurante. Y sé que tiene un corazón grande y generoso. Está feo que, como decía el Evangelio, sepa tu mano derecha lo que hace tu mano izquierda. Pero, como Sergio no lo va a contar, lo cuento yo. Hace ya unos años, organicé un torneo benéfico de tenis intentando recaudar dinero para la fundación Síndrome de West. Le pedí a Sergio que viniera y, después de dudar un poco, me dijo que sí. Y la duda no era pequeña.

Estaba en Castellón y se iba a la boda de Luke Donald. Al jugador inglés le dio por casarse en Grecia y no hay que ser Juan Sebastián Elcano para saber que Madrid no pilla de paso si uno va desde Valencia a Grecia. Pues Sergio cogió su avión privado, vino a Madrid. Aterrizó en Torrejón a las 18 horas. Le recogí, fuimos al Club en el que se disputaba el partido y, a las 21 horas, volví a dejarle en Torrejón para que siguiera su viaje a Grecia.

Después de aquello le he visto en persona, o en mensajes de vídeo, o con objetos suyos que había regalado en decenas de eventos benéficos. Sé que hace muchas cosas buenas sin que nadie se entere y solo hay que verle en acción con niños o con personas con discapacidad para darse cuenta de que estás, indudablemente, ante un pedazo de pan. Durante casi 5 años estuve haciendo un programa de golf para Canal+ (ahora Movistar) y debimos darle la brasa como 20 veces para distintas entrevistas de duraciones muy diversas y jamás nos puso una mala cara. Claro; también es cierto que nosotros jamás le hablamos con falta de respeto, ni dijimos de él cosas que he leído y oído a otros periodistas que luego se han sorprendido ante una mala cara o un mal gesto de Sergio. Pero es que somos unos cachondos. ¿Que Sergio alguna vez ha tenido salidas de pata de banco? Y ¿Quién no? Porque yo soy un especialista y, según en qué momento se me pille, puede alguien decir de mí que soy un tío encantador y más bueno que el pan, o que soy un remedo del increíble Hulk después de que le mienten a la madre.

A lo que voy es a que me alegré tremendamente de la victoria de Sergio en el Masters por muchos motivos. Pero uno de los principales es porque ya vive más relajado. Ya lo tiene. Ya nadie va a seguir recordándole aquel putt de Carnoustie de los cojones. Ya no ha vuelto a ver ese cabreante grafismo que mostraron en el hoyo 2 ó 3 del último día en el Masters; los jugadores con más salidas en Majors sin haber ganado uno. Y ya nadie le va a preguntar en este Open si cree que se va a retirar sin ganar un Grande.

Porque Sergio, para la Historia YA es un Grande. Y desde hoy tiene en Royal Birkdale la oportunidad de echarse otro a la buchaca y lo mejor de todo es que no está solo y, si miramos a las casas de apuestas, hay otros españoles por los que merece la pena apostar. Yo, que no suelo jugar con dinero, me voy a apostar con quien haga falta otras 100 comidas. Las mismas que gané con Sergio aunque no recuerde, maldita sea, con quién me las jugué.

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