La tercera jornada del PGA Championship 2026 en Aronimink Golf Club dejó una sensación tan poderosa como contradictoria en Jon Rahm: la de haber tenido el torneo en sus manos durante varios tramos del día… y la de haberlo dejado escapar en el último suspiro. Su 67 (-), brillante en muchos momentos, sólido en casi todos, terminó sabiendo a poco después de un bogey en el 18 que llegó tras su único tripateo de la semana, un golpe emocional que le impidió cerrar el día como líder o colíder del segundo major del año y acumular un -4 que le deja con todas las opciones para luchar por sub tercer major y su primer PGA Championship este domingo.
El arranque del vizcaíno fue un ejercicio de control absoluto. Birdie al 1 con un putt firme desde cuatro metros, par al 2, y una secuencia de golpes precisos que le permitió mantener el ritmo sin asumir riesgos innecesarios. El primer gran impulso llegó en el 5, un par 3 exigente donde dejó la bola dada para situarse en -2. A partir de ahí, Rahm jugó con la serenidad de quien conoce cada palmo del campo: par al 6, par al 7, par al 8, y un birdie al 9 que lo enviaba al turno de vuelta con un imponente 32 golpes (-3).
Un ataque decidido… y un final que dolió
El tramo decisivo del día mostró la mejor versión competitiva de Jon Rahm. En el 10 firmó un par sin complicaciones, pero el bogey del 11 frenó momentáneamente su ascenso. Lejos de descentrarse, el español recuperó el pulso con pars en el 12, 13 y 14, antes de ejecutar uno de los golpes del día en el par 3 del 15, donde dejó la bola a metro y medio para volver a -3 en la vuelta y -4 en el total.
El par al 16 y el sólido 3 del 17 lo situaban en una posición privilegiada: líder en solitario por momentos, colíder en otros, siempre dentro del pulso del torneo. Todo quedaba en manos del 18, un par 4 largo, estrecho y castigador. Rahm se dejó una opción real de birdie desde unos seis metros. El putt, bien tirado, se quedó a un palmo. Y ahí llegó el golpe que cambió el tono del día: un tripateo inesperado, doloroso, que transformó un posible 66 (-5) en un 67 (-4) que, aunque excelente, no reflejó la magnitud de su juego.
Tras la vuelta, Jon Rahm atendió a los medios oficiales del torneo y dejó una reflexión tan honesta como reveladora: “He jugado muy bien todo el día, he sentido que tenía el control y que podía seguir apretando. El final duele, claro, porque el 18 es un hoyo que te exige perfección y hoy no la he tenido. Pero estoy dentro del torneo y con opciones reales. Mañana habrá que salir a por todas.”
El balance final deja a Rahm en una posición privilegiada para el domingo, con sensaciones de dominio, un juego largo impecable y la certeza de que, si mantiene esta línea, Aronimink puede convertirse en el escenario de una remontada memorable.
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