“No puedes permitirte un día así en un major. Cuando empiezas tan atrás, aunque mejores, el daño ya está hecho”. Con esa sinceridad habitual, Bryson DeChambeau resumió su frustración tras quedar fuera del fin de semana en el PGA Championship, un torneo que lo vio despedirse antes de tiempo pese a una segunda vuelta más sólida que la primera. Su 71 golpes del viernes, aunque notablemente mejor que el 77 inicial, no bastó para reparar el descalabro del jueves, y el estadounidense terminó muy lejos del corte.
Un intento de reacción que llegó demasiado tarde
La tarjeta de DeChambeau refleja a la perfección la historia de su semana: un jugador capaz de producir destellos de brillantez, pero atrapado en errores que, en un campo tan exigente como Aronimink, se pagan con intereses. Su segunda vuelta comenzó con una estabilidad que contrastaba con el caos del día anterior. Par tras par, el californiano parecía haber encontrado el ritmo, controlando mejor la bola y evitando los fallos gruesos que lo habían condenado en la primera jornada.
Sin embargo, el primer golpe duro llegó en el hoyo 5, un par 3 donde un ligero desajuste en la salida lo dejó en una posición incómoda y terminó en bogey. El verdadero mazazo, no obstante, apareció en el 7, un par 4 que se convirtió en un pequeño desastre: un mal drive, un segundo golpe aún peor y un green que no perdonó. El resultado, un doble bogey, lo devolvía a una realidad que ya conocía demasiado bien.
Aun así, DeChambeau no bajó los brazos. Cerró los nueve primeros hoyos con 38 golpes, un registro que no era brillante, pero sí suficiente para mantener viva una mínima esperanza. Y fue en los segundos nueve donde mostró la versión más competitiva de su juego. Birdie en el 11, par sólido en el 12, un gran birdie en el 17 tras un putt agresivo… y un cierre impecable en el 18 para completar un 33 en la vuelta, su mejor tramo del torneo.
Pero el daño estaba hecho. Su +10 acumulado tras la primera jornada lo había dejado sin margen de maniobra. Ni siquiera una tarjeta de 71, trabajada y meritoria, podía compensar el desastre inicial. El corte quedó lejísimos, y su reacción, aunque digna, llegó demasiado tarde.
Tras firmar su tarjeta, Bryson DeChambeau fue claro: “Estoy jugando mejor de lo que muestran los resultados, pero en majors no hay espacio para errores grandes. El jueves me costó el torneo”.
El estadounidense se marcha de Aronimink con la sensación de haber dejado escapar una oportunidad, consciente de que su nivel real está por encima de lo que reflejan sus números. El fin de semana seguirá sin él, y su ausencia es una de las grandes decepciones del campeonato.
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