En la previa de su décimo PGA Championship, Jon Rahm ofreció una rueda de prensa extensa, reflexiva y cargada de matices en Aronimink, donde repasó su estado de forma, su evolución como jugador, la situación del golf mundial y el significado que tendría para él conquistar el único major que falta en el palmarés del golf español. El vizcaíno, que afronta ya una década compitiendo en grandes, reconoció entre sonrisas que “aunque me siento joven, también me siento viejo al mismo tiempo”, una frase que resume bien la mezcla de experiencia y ambición con la que llega a esta edición.
Rahm aseguró sentirse satisfecho con su rendimiento reciente, pese a no haber jugado su mejor golf la semana anterior. “No lo pegué de la mejor manera, pero siempre puedes aprender cosas antes de un major”, explicó. El español destacó que llega con buenas sensaciones y con la intención de mantener la línea de juego que le ha permitido ser competitivo durante toda la temporada.
El desafío del campo y la evolución del juego
Uno de los temas más interesantes de la comparecencia fue su visión sobre la tendencia arquitectónica de eliminar árboles en campos clásicos, un asunto que surgió tras un comentario previo de Rory McIlroy. Rahm, con su habitual franqueza, reconoció que observa el fenómeno con cierta ironía: “Veo muchos campos diciendo que hace 100 años no había árboles, pero en mi mente pienso que alguien los plantó con una visión de futuro, y ahora los están quitando”. Aun así, admitió que la decisión puede estar relacionada con la salud del campo y con la evolución del mantenimiento moderno.
El español también profundizó en cómo los avances tecnológicos y biomecánicos han cambiado la estrategia en los campos largos y abiertos. Según él, hoy es más difícil justificar un golpe conservador cuando jugadores como McIlroy pueden atacar desde el rough con un wedge y seguir generando opciones de birdie. “Es el nombre del juego hoy en día”, sentenció.
El sueño del Grand Slam español
Rahm no esquivó la pregunta sobre la posibilidad de convertirse en el primer español en ganar el PGA Championship, un logro que completaría el llamado Grand Slam español. El vizcaíno reconoció que es un objetivo que tiene muy presente: “Significaría mucho. Sería maravilloso cerrar esa cuarta pata del Grand Slam y unir mi nombre al de los grandes de España”. También recordó que, por razones difíciles de explicar, este ha sido históricamente el major menos favorable para los golfistas españoles.
En cuanto a su estado de forma comparado con sus dos victorias en majors, Rahm explicó que cada una llegó en circunstancias muy distintas. Considera que su mejor nivel técnico lo alcanzó en 2021, mientras que en 2023 llegó a Augusta “bajo el radar” por un mal mes previo, pese a haber ganado tres veces a principios de año. Ahora, asegura encontrarse “en un punto intermedio”, cómodo con su juego y con margen de mejora.
LIV, decisiones y crecimiento personal
Preguntado por su salto a LIV Golf, Rahm fue tajante al evitar especulaciones retrospectivas: “No vivo mi vida pensando en qué habría hecho diferente”. Admitió que algunas circunstancias han cambiado desde su decisión, pero insistió en que no se arrepiente y que no tiene sentido “darle vueltas a lo que podría haber sido”. Sobre la incertidumbre que rodea al futuro del circuito, se mostró tranquilo: “Mi trabajo es jugar al golf. Arreglar un negocio no es uno de mis talentos”, dijo con humor.
El español también habló de cómo gestiona la presión y la mejora continua. Para él, el progreso no siempre se refleja en resultados inmediatos: “A veces es una sensación. Sabes que estás haciendo cosas bien aunque no se vea en el marcador”. Y sobre su filosofía competitiva, fue claro: “Cada decisión en el campo es para ganar. No me importa acabar segundo o décimo”.