La escena se repite cada semana en Bajo Par, en Radio Marca: una llamada, un saludo cálido y la voz del doctor Ghassan Elgeadi, nuestro experto de referencia en patología de columna, que atiende siempre —esté donde esté— para explicar, con rigor y cercanía, qué ocurre en la espalda de miles de golfistas. Esta vez nos atiende desde Granada, donde participa en unas jornadas médicas. “Hombre, imagínate, a dar unas charlas… y encantado, porque Granada es un paraíso”, comentaba entre risas antes de entrar en materia. Y la materia, como casi siempre en golf, es el dolor lumbar. Porque el golf se vende como un deporte de bajo impacto, pero la realidad es otra. “No lo es, no lo es. Es un deporte que carga mucho la espalda y que tiene sus trucos, sus secretos y su preparación física”, explica el doctor Elgeadi. Y ahí empieza el problema: muchos jugadores —especialmente amateurs— se lanzan a jugar más de lo que su cuerpo puede soportar.

Un deporte exigente para una columna que no siempre está preparada
El doctor lo resume con claridad: “He visto que cada vez se mete más gente joven y amateur, pero no se le presta atención a la preparación. Se enganchan, se apasionan… y hacen más sesiones de las que están preparados para asimilar”. El resultado es conocido: sobrecarga muscular, protrusiones discales, degeneración precoz, contracturas recurrentes. Nada que ver con un simple esguince.
“He visto que cada vez se mete más gente joven y amateur, pero no se le presta atención a la preparación. Se enganchan, se apasionan… y hacen más sesiones de las que están preparados para asimilar"
El swing es, en sí mismo, un desafío biomecánico. “Cuando hacemos el swing implicamos rotación, flexión y extensión de columna. Y la columna no tolera bien las rotaciones”, recuerda. No se trata de dejar de jugar, sino de entender que el cuerpo necesita una preparación específica. Y, sobre todo, de no normalizar el dolor. “Lo que escucho en consulta es: ‘doctor, tenía un dolorcito, pero no pasa nada’. Y sí pasa. No hay que banalizar ningún dolor en la columna”.
El perfil más habitual de estos problemas se sitúa entre los 35 y los 65 años. “Es la época en la que el cuerpo empieza a necesitar más mantenimiento. Un cuerpo de 20 años aguanta todo, pero no es lo correcto. La factura llega después”, advierte. A partir de los 38, la infraestructura corporal empieza a desgastarse: pérdida de potencia, limitación de movilidad, dolor durante o después del juego y riesgo de cronificación.

Y lo más llamativo: más del 80% de estos dolores se pueden prevenir. “Son dolores derivados de sobrecarga muscular o articular. Si diagnosticamos bien, descartamos problemas graves y trabajamos con fisioterapia, readaptación y buen entrenamiento, se pueden evitar complicaciones como una hernia discal o una degeneración masiva”.
Técnica, material y prevención: el triángulo que marca la diferencia
El doctor insiste en que no es solo cuestión de jugar mucho, sino de jugar bien. “No es que el golf provoque dolor. Es que lo hacemos mal. La técnica, la fuerza, la movilidad… todo influye”. Y añade un detalle que muchos aficionados pasan por alto: el material. “Hasta a la hora de comprar los palos hay que asesorarse. Una varilla para un profesional no es la misma que para un senior. No vale comprar un palo porque es bonito”.

La prevención, insiste, es la clave. “Antes había menos información, pero hoy tenemos acceso a todo. Un buen maestro, un buen entrenador, incluso un coach que te diga qué comprar y cómo hacerlo, es fundamental”. Y si el dolor aparece, la recomendación es clara: acudir a un especialista. “Hay dolores leves que son señales de alarma. Cogidos a tiempo, nos ahorran problemas mayores”.
