En los últimos años, Jhonattan Vegas, uno de los deportistas venezolanos más reconocidos a nivel internacional y figura estable del PGA Tour, ha sido una de las voces más firmes dentro del deporte profesional en denunciar la crisis política y social de Venezuela. Aunque nunca ha buscado convertirse en un referente político, su condición de atleta global y su conexión emocional con su país lo han llevado a pronunciarse en momentos clave, especialmente ante episodios de represión, deterioro institucional y, más recientemente, la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.
Tras el anuncio de la operación estadounidense para detener a Maduro, Vegas reaccionó de manera contundente en redes sociales. El golfista publicó en X un mensaje celebrando la posibilidad de un cambio profundo en su país: “Long live Venezuela, damn it, ALLLLLLLLLLLLLLLL”. El tono, visceral y espontáneo, reflejaba el hartazgo acumulado por años de crisis humanitaria, violencia y colapso económico.
No era la primera vez que el jugador se posicionaba. En 2026, tras revalidar su título en el RBC Canadian Open, Vegas dedicó parte de su discurso a Venezuela. Según Nación Golf, afirmó que su victoria no podía celebrarse plenamente mientras su país vivía una situación tan dolorosa, y se manifestó abiertamente “en contra del gobierno de Nicolás Maduro”. Aseguró que la crisis afectaba incluso al golf venezolano, un deporte que prácticamente desapareció por la falta de recursos, el cierre de clubes y la migración masiva de profesionales y caddies.
Su postura crítica viene de lejos. Ya en 2017, en plena ola de protestas contra el régimen, Vegas lamentó públicamente la violencia y la destrucción del tejido deportivo y social del país. Revista Fairway documentó cómo el golfista denunciaba que la crisis había golpeado incluso a los trabajadores del golf, muchos de los cuales aparecían en manifestaciones devolviendo bombas lacrimógenas con palos de golf, símbolo del deterioro extremo que vivía Venezuela.
Aunque Vegas evita alinearse con partidos o figuras políticas, su mensaje ha sido constante: Venezuela merece libertad, estabilidad y oportunidades. Su voz, desde el deporte, ha servido para visibilizar la tragedia venezolana ante audiencias internacionales que quizá no siguen la política, pero sí el golf.
En un circuito como el PGA Tour, donde los jugadores rara vez se pronuncian sobre asuntos geopolíticos, la claridad de Vegas lo ha convertido en un referente para la diáspora venezolana y en un símbolo de resistencia pacífica frente a un régimen que ha marcado profundamente la vida de millones.