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Opinión

Lucha, pasión y determinación

lunes 16 de septiembre de 2019, 11:22h

Apasionante es la palabra que define la Solheim Cup siempre, pero este año en especial porque la victoria de las nuestras, las europeas, se recordará en la historia de esta espectacular competición de la misma forma que recordamos el Milagro de Medinah, en la Solheim masculina.

Vivirla de primera mano ha sido una de las mejores experiencias en golf de mi vida. Las europeas han luchado contra todo pronóstico, apuestas y predicciones en todos los sentidos para adjudicarse, en el último hoyo, una Copa que las norteamericanas daban por ganada desde mucho antes de llegar a Gleneagles, a Escocia, con una superioridad un pelín humillante.

La puesta en escena fue espectacular. Como actrices de Hollywood se les anunciaba en el tee del 1 cada vez que salían a disputar sus partidos, con una música a todo volumen que las capitanas había seleccionado para cada jugadora, como fue el “Sweet Caroline” cuando salían Hedwall o Masson.

En la primera jornada, con un sol poco usual en Escocia, las europeas dieron el "do de pecho" y se colocaron por delante de sus rivales, terminando el día con 4 ½ frente 3 ½ . El segundo día lucharon contra viento y marea literalmente, y el día fue gris en todos los sentidos. Especialmente emocionante fue la victoria en foursomes de Azahara Muñoz y Charly Hull frente a Khang y Kang, y especialmente dolorosa la derrota de Carlota Ciganda y Bronte Law contra las hermanas Korda, que aunque jugaron mejor, por lo que yo vi no fueron muy elegantes en sus gestos lo cual dejó a la navarra con rabia de victoria.

Uno de los momentos estelares de esta Solheim fue cuando la capitana cambió sus planes y, aunque Azahara pensaba descansar el sábado por la tarde, Matthew decidió emparejar a las dos españolas en el último partido de fourballs del sábado. Carlota Ciganda y Azahara Muñoz salieron bailando a ritmo de “Despacito” y el público rugía como no lo había hecho antes en ninguno de los partidos anunciados. Se te ponía la piel de gallina. Incluso a Eolo, que decidió soplar como no lo había hecho antes y las españolas no lograron ese punto que les habría dado un poco de aire fresco para la jornada final.

El papel de la capitana es complicado siempre en estas lides, pero Cattriona fue criticada especialmente cuando decidió elegir a la noruega Suzann Pettersen para disputar su novena Solheim después de casi dos años sin competir, y no llevarse a Mel Reid, que podría considerarse la Ian Poulter del golf femenino. Pero la escocesa sabía lo que hacía desde el primer momento y la noruega le respondió.

Hago aquí un inciso para aclarar un debate muy crítico que ha surgido en redes sociales sobre la lentitud del juego de las chicas. En primer lugar, quiero recordar que los fourballs en la Ryder suelen durar tanto como los de las chicas ayer, 6 horas; pero a esto hay que añadir que las condiciones de juego eran inhumanas, con vientos de 45 km/h que no lo ponían nada fácil. Doy fe. Son comentarios muy injustos.

Y llegó el gran día, el más temido en esta competición, ya sea femenina o masculina: los partidos individuales, en los que los americanos se crecen. Pero tras el empate, la competición empezaba de nuevo, el marcador estaba a 0 para los dos equipos. Matthew lo tenía muy claro: Carlota para empezar, Azahara en medio para consolidar, las rookies mezcladas y en los últimos partidos su polémica apuesta noruega.

Nadie dijo que iba a ser fácil, y no lo fue. Fue apasionante, las jugadoras, tanto europeas como norteamericanas nos hicieron vibrar, nos regalaron golpes impresionantes y la igualdad se mantuvo durante todo el día, punto para las americanas, punto para las europeas.

Y llegó el gran momento, en el que si decir una palabra, Cattriona le pedía a Pettersen que demostrase por qué la había elegido a ella. Y ahí fue cuando esas nueve Solheim Cups disputadas se justificaron, y con templanza, tranquilidad y decisión Suzann embocó el putt de la victoria para el equipo europeo y tras él, por todo lo alto y por la puerta grande, la noruega anunció su retirada del golf.

Emoción, pasión, lágrimas, risas, saltos, botes, banderas de todos los países representados ondeando al viento, oeoeoeoeoeoeoes, toda celebración es poca para esta Solheim Cup que marca un antes y un después en esta competición.

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