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Opinión

Por Guillermo Artola
martes 19 de abril de 2016, 12:03h
Uno de los Open nacionales más antiguos del continente, el Open de España, se ha celebrado este fin de semana en Valderrama y digo bien, porque ha sido toda una celebración.

Aparte de que las condiciones fueran duras, que lo han sido sobre todo los tres primeros días, el ambiente general ha sido muy positivo y hasta el jugador más castigado por el recorrido andaluz habrá tenido que reconocer el enorme nivel competitivo y organizativo que nuestro Open ha mostrado.

Valderrama es, sin duda, uno de los mejores campos de Europa y, por tanto, de entre los mejores del mundo, y los cuidados y la preparación que el club exhibe siempre son de lo mejor que se conoce. Muchos años de Volvo Masters y una Ryder Cup son suficientes como currículum, y en una época difícil como la que vivimos se encarga de organizar el Open de España con un éxito absoluto.

Las condiciones climatológicas se ocuparon de afilar las uñas del recorrido gaditano, y el manejo de la situación que corresponde a los organizadores hizo que el resultado final fuera sobre par, algo más normal en un Open Americano y que hacía años que no veíamos por estas tierras. Con todo y eso, Pablo Larrazábal jugó brillantemente antes del fin de semana y acabando el viernes lideraba con dos golpes de ventaja.

El fin de semana no se le dio tan bien, y el domingo firmó un triple y un quíntuple “bogey” que le mandarn a las profundidades de la clasificación. En sentido contrario se movió Sergio García, que con una actuación discreta que no mala los tres primeros días, llegó a la cuarta jornada y con la mejor vuelta del día, sesenta y siete, estuvo cerca de forzar un desempate con el ganador. Andrew Johnston jugó toda la semana sólidamente, cogiendo calles y “greenes” en regulación y tanta constancia tuvo su premio final en forma de primera victoria en el Circuito Europeo y lo que ello significa en cuanto a mantener la tarjeta y mejorar la otra tarjeta, la de crédito.

Por último, podríamos comentar el inexistente perfil atlético de Andrew que unido a una barba casi yihadista le confieren un aspecto lamentable, pero no por ello es peor competidor o menos merecedor de nuestra felicitación. Tres hurras por el inglés y felicidades al Open y sus organizadores.

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