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Opinión

El día de la salud

Por Guillermo Artola
jueves 24 de diciembre de 2015, 11:25h
Parece que hablar de golf en un día como hoy no es lo más lógico. Deberíamos ceñirnos a la lotería y a llorar porque no nos ha tocado, lo que hubiera permitido que dejáramos toda actividad innecesaria para la vida inteligente, es decir, que no volviéramos a trabajar ni a ocuparnos de nada que no fuera nuestro “swing”.

Puedo asegurar que en la mayoría de los casos de los oyentes que nos honran con su atención, como en el nuestro, no hemos rascado bola, y no estoy hablando de dar rabazos.

Mientras nuestro día a día es tan desesperadamente rutinario, mientras no podemos quedarnos mirando al infinito al recordar ese “putt” de ocho metros que entró por el centro o esa sacada de “bunker” que se paró a una cuarta del hoyo, en el PGA Tour se dedican a jugar por equipos de padres e hijos, y, aunque recuerda un poco lo de los famosos partidos de solteros contra casados, hay que reconocer que como divertimento está muy bien.

Sirve también para darse cuenta de lo difícil “elevado a ene” que resulta ser profesional, porque ves el “swing” de hijos como los de Raymond Floyd, Curtis Strange o Lee Trevino y parece mentira que no se dediquen a esto. Son chavales que habrán tenido acceso al golf desde que quisieran probarlo, que habrán podido aprender y jugar con su padre o con los mejores profesores y que, de hecho, muestran unas maneras fantásticas con el palo en las manos, y sin embargo el nivel no les llega para pelearse en un “tour” de verdad y contra jugadores que van siempre con el cuchillo entre los dientes y se ganan el sustento con este deporte.

Esto se debe a que, además de saber golpear a la bola, elegir los palos o ver las caídas, hay que tener una sangre fría y un carácter competitivo que, una vez en los niveles de excelencia en que se mueven estos jugadores, es lo que diferencia a los ganadores de los que no lo son, y los que no logran ese último salto de calidad se mueren de asco y tienen que dedicarse a tareas más mundanas y aburridas. Puedes tener el ADN de Nicklaus e incluso, puedes doblarte como una alcayata para patear, pero eso no te asegura buenos resultados cuando la cosa va en serio.

En fin, lo dejo ya porque quiero utilizar la última frase para desearos la mejor de las Navidades y un 2016 lleno de birdies.

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