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Opinión

Guillermo Artola.
Guillermo Artola.

Cara y cruz en Phoenix

miércoles 04 de febrero de 2015, 12:59h
Dos aspectos fundamentales destacan en el Open de Phoenix que se jugó este fin de semana y terminó el domingo pasado. En realidad hubo anécdotas para llenar este artículo y más, como el hoyo en uno de Francesco Molinari en el 16 delante de una multitud, pero a mi entender dos fueron las noticias de verdad importantes.

Por un lado, y hay que felicitarle a gritos por su hazaña, el quinto puesto empatado de Jon Rahm, un amateur español que es tercero en el ranking mundial de no profesionales y que hizo buen uso de la invitación que le llegó por ser jugador de Arizona State, la Universidad en la que cursa sus estudios y donde, como ejemplo, también lo hizo Phil Mickelson. 

Este chaval, por llamarle de alguna manera porque es un armario de dos cuerpos y tiene un aplomo y una seguridad impropios de sus veinte años, empezó con un mal golpe el primer día en el "tee" del uno debido a que tenía más nervios que un filete de menú, pero supo sobreponerse y se propuso gozar del juego del golf. 

Y vaya si lo consiguió. No sólo disfrutó él, sino que nos hizo pasar cuatro jornadas increíbles a todos a pesar de que no le dedicaron muchos minutos de televisión. Este jugador asegura el futuro de nuestros golfistas en América porque se hará profesional en cuanto acabe los estudios y no tengo duda de que cruzará el charco para jugar en el PGA Tour.

Esto ha sido el lado amable del Phoenix Open. La otra cara de la moneda ha sido Tiger Woods, que no deja de sorprendernos nunca, y en esta ocasión por no pasar el corte y acumular en dos días un trece sobre par que supone veintiocho golpes más que el ganador en cuatro días, algo que nunca creí que veríamos hacer al californiano. No sé, no puedo ni imaginar, lo que pasará por su mente tanto al acabar y firmar sus tarjetas como cuando, en plena vuelta, pega dos o tres filazos consecutivos, algo en lo que nunca creí que yo mismo coincidiera con él. 

Alguna vez he dejado un golpe de ciento treinta metros a un palmo del hoyo, tampoco muchas, y siempre pensé, hasta Tiger estaría contento con este golpe. Ahora resulta que también podemos enfadarnos por lo mismo... En fin, sin dobles intenciones quiero animar a Tiger y desearle lo mejor. Alguien que ha sido lo que Woods no puede quedarse donde ahora está...

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