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Carmela Fernández Piera
Carmela Fernández Piera

16 velas para Lydia Ko

Por Carmela Fernández Piera
sábado 21 de septiembre de 2013, 10:52h
Lydia Ko pedirá un permiso especial al LPGA para, a sus 16 años, hacerse profesional y poder disputar este circuito. ¿Se atreverá el LPGA a negárselo? Espero que sí.

No cabe duda que esta jovencísima surcoreana, residente en Nueva Zelanda, es un verdadero fenómeno. No sólo por haber sido la jugadora más joven en ganar un torneo del LPGA y revalidar título en la siguiente edición, sino por haber logrado la hazaña de plantarle cara a Suzann Pettersen en el Evian Masters después de 25 cortes seguidos superados, y estar actualmente en la 5ª posición del ranking mundial. Es impresionante.

Pero es más impresionante porque sólo tiene 16 años; si tuviese 30, no sería noticia. Y es noticia porque va contra natura, porque una niña de sólo 16 años no debería estar actualmente planteándose empezar a trabajar, saltándose todas las etapas que debe seguir un "teenager".

Y de ahí viene mi titular, de la película "16 Candles" que en su día fue referencia entre los adolescentes porque reflejaba las indecisiones y frustraciones de una chica de esta edad, por las que todos deben pasar sin saltarse etapas en su camino a la madurez.

¿No nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos cuentan que ciertas empresas textiles, o de zapatillas deportivas "explotan¨ a menores de edad? Pues considero que no hay mucha diferencia. Porque estos chicos de estos países, digamos, complicados, lo hacen por dinero. Y me temo yo que ese es el mismo motivo por el que la familia de Ko le anima a cometer esta precocidad.

Entiendo que es muy duro ver las cifras de lo que podría haber ganado y no ha recibido, por el hecho de ser amateur: más de un millón de dólares. Pero lo que empezó como una aventura de jugar algún torneo que otro como amateur, se está convirtiendo en algo serio con lo que no comulgo.

No soy partidaria de adelantar los acontecimientos; me confieso excesivamente protectora de los niños; y considero que para llegar a una madurez personal y profesional más vale no saltarse etapas porque en algún momento te pasa factura. Y más en una carrera profesional tan larga como es la de un golfista.

Las comparaciones son odiosas, pero es conveniente fijarse en casos como el del hawaiano Tadd Fujikawa que se hizo profesional a los 16 años; o del niño prodigio Ty Tyron, ¿dónde está este chico? Y fijarse también en ejemplos como el de Tiger Woods que se hizo profesional al finalizar sus estudios en la Universidad de Stanford, o sin ir más lejos, el caso de Gonzalo Fernández-Castaño, un jugador que ha demostrado que hay que subir escalones de uno en uno, y no de tres en tres y saber esperar a que llegue tu momento.

Confío en que Lydia Ko aplique a la vida la inteligencia que ha demostrado en el campo de golf, y que no se precipite por el vil metal.

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