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Bridgeman se estrena por los pelos en el PGA Tour contra la presión de McIlroy

Genesis Invitational

Redacción Elperiodigolf.com | Lunes 23 de febrero de 2026

La cuarta y decisiva jornada del centenario del Genesis Invitational en el mítico Riviera Country Club terminó convirtiéndose en un ejercicio de resistencia emocional para Jacob Bridgeman, un joven estadounidense que amaneció con siete golpes de ventaja y que, sin embargo, tuvo que aferrarse al último putt del día para conquistar su primer título en el PGA Tour. Lo que parecía encaminado a una victoria plácida se transformó en un pulso dramático, de esos que engrandecen la historia del torneo y que justifican la presencia de Tiger Woods, anfitrión del evento, en la entrega del trofeo.






Bridgeman, que había dominado con solvencia durante tres días, cerró con un 72 (+1) que supo a supervivencia más que a celebración, suficiente para imponerse por un solo golpe a Rory McIlroy y Kurt Kitayama, ambos firmes protagonistas de una remontada que mantuvo en vilo a la multitud angelina hasta el último suspiro

El día comenzó con la sensación de que el torneo estaba prácticamente decidido. Bridgeman, impecable durante las tres primeras rondas, amplió incluso su ventaja hasta los siete golpes con solo doce hoyos por jugar. Pero Riviera, con su césped firme, sus caídas traicioneras y su atmósfera de leyenda, rara vez permite coronaciones sin sobresaltos. El líder dejó de encontrar banderas, los birdies desaparecieron y, poco a poco, la presión fue tomando forma en los rugidos que llegaban desde otros hoyos. Primero fue Adam Scott, que con un sensacional 63 se colocó en la casa club con un -16 que obligaba a mirar de reojo. Después irrumpió Kitayama, eléctrico en los segundos nueve, y finalmente McIlroy, que parecía fuera de combate hasta que embocó un espectacular birdie desde el búnker del 12 y remató con dos birdies consecutivos para un 67 que incendió la grada natural del 18.

Mientras tanto, Bridgeman intentaba mantener la serenidad. No jugaba mal, pero cada green se convertía en un examen de nervios. Su último birdie del día había llegado en el hoyo 3, y desde entonces solo encontraba oportunidades desde unos veinte pies que nunca terminaban de caer. El bogey del 4 fue un aviso, pero el verdadero temblor llegó en el 16, cuando su bola terminó en el búnker y tuvo que salvar un delicado putt de metro y medio para no perder el liderato. A esas alturas, según reconocería después, ya no sentía las manos. Riviera, que tantas veces ha sido escenario de coronaciones épicas, estaba poniendo a prueba su temple como si quisiera asegurarse de que aquel joven debutante merecía realmente inscribir su nombre en el centenario del torneo.

Los últimos dos hoyos fueron un ejercicio de pura tensión. En el 17, Bridgeman dejó su putt de birdie dolorosamente corto, mientras los marcadores anunciaban que McIlroy había cerrado con -17 y que Kitayama, con un 64 final, también esperaba con ese mismo resultado. El margen se había reducido a un solo golpe. En el 18, su aproximación quedó a una distancia razonable, pero el primer putt volvió a quedarse muy por debajo de lo esperado, abriendo la puerta a un posible playoff. El murmullo del público, dividido entre la expectación y el deseo de ver más golf, acompañó al estadounidense mientras se preparaba para el golpe más importante de su carrera. Y esta vez sí: la bola recorrió los escasos metros necesarios y cayó en el centro del hoyo, liberando una mezcla de alivio y euforia que él mismo no pudo disimular.

La victoria, además de los cuatro millones de dólares del premio y el liderato de la FedEx Cup, le permitió compartir un momento único con Tiger Woods, quien lo recibió en lo alto de las escaleras del 18 con una sonrisa cómplice. Woods, que nunca logró ganar en Riviera, le dijo: “Tienes una que yo no tengo”. Bridgeman, aún incrédulo, solo pudo asentir. Había sobrevivido a una jornada que se le hizo eterna, había resistido el empuje de figuras consagradas como McIlroy y Scott, y había demostrado que, incluso cuando el golf se vuelve un deporte cruel, la determinación puede sostener lo que el talento ha construido.

En un día en el que Scottie Scheffler, gran favorito, terminó duodécimo pese a un brillante fin de semana, y en el que nombres como Collin Morikawa, Tommy Fleetwood o Cameron Young firmaron vueltas notables, el centenario del Genesis Invitational encontró en Bridgeman un campeón inesperado pero merecido. Un jugador que llegó como debutante a Riviera y que salió con un trofeo que pocos logran levantar, conquistado golpe a golpe, detalle a detalle, en una de las jornadas más emocionantes que se recuerdan en este escenario legendario.






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