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La opinión de Guillermo Salmerón

'El Us Open ha sido una declaración de intenciones de la USGA una vez más'

"El Us Open ha sido una declaración de intenciones de la USGA una vez más"

lunes 22 de junio de 2026, 08:09h

El US Open 2026 disputado en Shinnecock Hills ha sido, ante todo, una declaración de intenciones de la USGA: el golf de élite debe jugarse al límite, en campos que exijan precisión quirúrgica, fortaleza mental y una capacidad de recuperación que solo está al alcance de los mejores. El resultado ha sido un torneo durísimo, con calles estrechas, greenes firmes como mármol y un rough que convertía cualquier error en un castigo severo. En ese escenario, la victoria de Wyndham Clark y el desarrollo del campeonato han dejado un poso claro: este US Open ha sido una prueba extrema, quizá demasiado para algunos, pero fascinante para quienes disfrutan del golf como deporte de supervivencia.

La dureza del campo se reflejó en el rendimiento de los grandes favoritos. Ni Scottie Scheffler ni Rory McIlroy, los dos nombres llamados a dominar la semana, estuvieron a la altura de las expectativas. Scheffler, número uno del mundo, volvió a mostrar un nivel notable desde el tee, pero su putt —esa parte del juego que tantas veces marca la diferencia en los majors— nunca apareció. Su intento de remontada el domingo fue más un ejercicio de orgullo que una amenaza real. Con este resultado, el texano acumula un 0 de 3 en los majors de 2026, un balance sorprendente para un jugador que ha dominado el PGA Tour con autoridad pero que no ha logrado trasladar ese dominio a los grandes escenarios este año.

McIlroy, por su parte, volvió a encadenar momentos brillantes con otros de desconexión total. Su irregularidad en los segundos nueve hoyos de cada jornada lo condenó a un papel secundario. El norirlandés sigue sin encontrar la fórmula para cerrar torneos grandes, y Shinnecock volvió a exponer sus dudas en los momentos decisivos.

El golf español tampoco vivió su mejor semana. Llegaban cuatro jugadores —Jon Rahm, David Puig, Ángel Hidalgo y Rocco Repetto Taylor— y solo uno logró superar el corte. El malagueño Ángel Hidalgo, debutante en el torneo, fue el único capaz de resistir la crudeza del campo y completar las cuatro rondas. Su actuación, más que meritoria, deja claro que tiene golf para asentarse en grandes escenarios, pero el balance global del equipo español es decepcionante. Ni Rahm, ni Puig, ni Repetto Taylor encontraron ritmo, y todos quedaron fuera antes del fin de semana.

En cuanto al campeón, Wyndham Clark firmó una victoria tan brillante como agónica. Llegó al domingo con seis golpes de ventaja, una renta que parecía definitiva, pero Shinnecock no perdona ni a los líderes. Clark estuvo a punto de tirar por la borda su ventaja con errores encadenados en los hoyos centrales, y solo su capacidad para recomponerse —especialmente con el birdie salvador en el 16— evitó un desenlace dramático. Su triunfo, sin embargo, es incuestionable: jugó mejor que nadie en los momentos clave y demostró que su victoria de 2023 no fue casualidad.

Queda una reflexión inevitable: ¿gusta este tipo de golf al aficionado? La respuesta es compleja. Para muchos, ver a los mejores del mundo sufrir, pelear por pares y celebrar bogeys como si fueran birdies forma parte de la esencia del US Open. Para otros, la línea entre la exigencia y el exceso se ha vuelto demasiado fina. Shinnecock, una vez más, ha dividido opiniones.

Ahora, el foco se traslada al The Open Championship, el último major del año, que se disputará en julio. Allí, en un escenario completamente distinto, con viento, links y creatividad, los grandes tendrán su última oportunidad de salvar la temporada. Y jugadores como Scheffler, McIlroy o incluso Rahm saben que necesitan un golpe de autoridad. El US Open ha sido brutal. El Open, simplemente, será definitivo.

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