El U.S. Open llega a su jornada final con un escenario tan improbable como fascinante: Scottie Scheffler, número uno del mundo y aspirante al career Grand Slam, saldrá en el partido estelar desde la segunda plaza empatada, seis golpes por detrás de Wyndham Clark, en un desafío que roza lo histórico. El déficit es grande, sí, pero el texano ha demostrado una y otra vez que es capaz de mirar a los ojos a cualquier rival cuando el premio es mayúsculo.
Su tercera vuelta, un 69 (-1) en un Shinnecock Hills castigado por el viento, fue una obra de resistencia. En un día en el que apenas dos jugadores firmaron bajo par, Scheffler logró mantenerse en rojo y escalar hasta el grupo perseguidor. Lo hizo, además, tras un inicio que parecía condenarlo: bogey en los dos primeros hoyos y un panorama que lo alejaba a ocho golpes del liderato. Pero desde ahí, su golf se volvió quirúrgico. Solo un error más en toda la vuelta y una sucesión de golpes de enorme calidad lo devolvieron al torneo.
“Me metí en problemas al principio, pero he peleado muy bien estos días”, explicó tras la ronda. “Necesitaré una vuelta realmente buena mañana si quiero intentar alcanzar a Wyndham”. Y no exagera: la ventaja de seis golpes solo se ha diluido una vez en la historia de los grandes, cuando Greg Norman perdió aquella renta en el Masters de 1996. Pero si alguien puede forzar un desenlace distinto, es Scottie Scheffler.
Su final del sábado dejó sensaciones encontradas. En el 16, un hierro perfecto desde 274 yardas rodó hasta dejarle una opción real de eagle que no convirtió. En el 18, un tiro a cuatro pies que levantó al público terminó en un inesperado par. Detalles que, en un U.S. Open, separan la épica de la frustración. Aun así, el balance es claro: Scheffler llega al domingo con opciones reales y con el líder a la vista.
El día será especial por partida doble: coincide con su 30 cumpleaños, algo que él mismo bromeó al decir que “ha perdido un día” entre celebraciones y concentración. Pero más allá de la anécdota, lo que está en juego es monumental. De ganar, se convertiría en el séptimo jugador de la historia en conquistar los cuatro grandes.
“Sé lo que está en juego. He trabajado muy duro para tener oportunidades como esta”, afirmó. Y la tiene: 18 hoyos, un rival en estado de gracia y un campo que puede cambiarlo todo en cuestión de minutos. La remontada es difícil, pero no imposible. Y si alguien ha demostrado que puede desafiar la lógica en un major, ese es Scottie Scheffler.
VEA LA CLASIFICACIÓN