En la historia casi centenaria del Masters de Augusta, solo tres jugadores han sido capaces de defender con éxito la Chaqueta Verde. Tres nombres que no necesitan presentación y que, por sí solos, explican la magnitud del reto que afronta este año Rory McIlroy, vigente campeón tras su triunfo en 2025. El norirlandés, que completó entonces el Grand Slam de carrera, llega a Augusta con la oportunidad de inscribir su nombre en un club reservado únicamente a los elegidos.
El primero en lograrlo fue Jack Nicklaus, que encadenó victorias en 1965 y 1966. El “Oso Dorado” dominó Augusta con una autoridad que aún hoy impresiona: en 1965 firmó una de las actuaciones más aplastantes jamás vistas en un major, y un año después confirmó su reinado con una nueva exhibición. Nicklaus, que acabaría conquistando seis Masters, estableció un listón que parecía inalcanzable.
Hubo que esperar más de dos décadas para ver otro doblete. El protagonista fue Nick Faldo, que en 1989 y 1990 demostró una sangre fría casi quirúrgica. En ambas ediciones remontó en la jornada final y se impuso en sendos playoffs, convirtiéndose en el primer europeo capaz de repetir victoria consecutiva en Augusta. Su temple en los greenes y su capacidad para gestionar la presión le otorgaron un lugar permanente en la historia del torneo.
El tercer y último en conseguirlo es, por supuesto, Tiger Woods, que firmó su doblete en 2001 y 2002. Aquellas victorias no solo consolidaron su dominio absoluto del golf mundial, sino que completaron el célebre “Tiger Slam”, al poseer simultáneamente los cuatro majors. Woods convirtió Augusta en su escenario predilecto, y su defensa del título en 2002 sigue siendo uno de los hitos más recordados del torneo.
Ahora, más de veinte años después, el Masters vuelve a mirar hacia un posible campeón consecutivo. Rory McIlroy, que en 2025 por fin logró la Chaqueta Verde tras un desempate agónico ante Justin Rose, llega a esta edición con la madurez, el juego y la motivación necesarias para aspirar a un logro histórico. Su victoria del año pasado no solo cerró una herida abierta durante más de una década, sino que confirmó que Augusta ya no es un territorio prohibido para él.
Si McIlroy consiguiera repetir triunfo, se uniría a Nicklaus, Faldo y Woods en un grupo tan reducido como legendario. Tres gigantes del golf y un desafío que, de lograrse, elevaría al norirlandés a una dimensión histórica aún mayor. Augusta, como siempre, decidirá.