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Sueños de Chaqueta Verde

Rose, el favorito sentimental que nunca se rinde

Rose, el favorito sentimental que nunca se rinde

Por Guillermo Salmerón
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martes 07 de abril de 2026, 13:26h
Actualizado el: 08 de abril de 2026, 03:33h

Pocos jugadores encarnan tan bien el espíritu del Masters como Justin Rose. El inglés llega a la edición de 2026 con una mezcla de madurez, hambre competitiva y una historia que Augusta National parece empeñada en escribir a fuego lento. Sus últimas actuaciones lo confirman: segundo en 2015, derrotado en el inolvidable playoff de 2017 ante Sergio García, y nuevamente subcampeón en 2025 tras caer en otro desempate, esta vez frente a Rory McIlroy.

Ese doble golpe emocional —dos playoffs perdidos en el escenario más icónico del golf— ha convertido a Rose en el favorito sentimental del público. No solo por su calidad, sino por la nobleza con la que ha encajado cada derrota. En 2025, tras embocar un birdie épico de 20 pies en el 18 para forzar el desempate, volvió a quedarse a las puertas de la Chaqueta Verde. Y aun así, sonrió, abrazó a McIlroy y reconoció la grandeza del momento.

Cómo llega Rose al Masters 2026

Este año, Justin Rose aterriza en Augusta con argumentos sólidos más allá de la emoción. Ha ganado en el PGA Tour esta temporada —el Farmers Insurance Open— y mantiene un idilio estadístico con el Masters: tres veces subcampeón, siete top‑10 y una capacidad casi única para liderar en algún momento del torneo.

Su 2025 fue un recordatorio de que sigue siendo un competidor feroz. Lideró tras la primera y segunda ronda, sufrió un duro 75 el sábado y aun así resurgió el domingo con un 66 que lo llevó al playoff. Esa resiliencia, esa manera de reinventarse en Augusta, es lo que alimenta la sensación de que el torneo le debe algo… aunque él insiste en lo contrario: “Augusta no me debe nada”, dijo esta semana, con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con la grandeza y la frustración.

Pero la literatura del Masters no se escribe solo con estadísticas. Rose camina por esas calles con la nostalgia de quien ha estado a un golpe de la gloria y la determinación de quien sabe que aún puede lograrlo. Su figura, elegante y contenida, parece hecha para este escenario: un jugador que ha visto la Chaqueta Verde rozarle los dedos y que, sin embargo, vuelve cada año con la misma ilusión intacta.

¿Es 2026 el año?

No hay certezas en Augusta, pero sí señales. Rose llega en forma, con confianza y con una historia que pide un desenlace. Sus derrotas ante Sergio García y Rory McIlroy forman parte ya de la mitología moderna del Masters, y su constancia lo mantiene entre los candidatos naturales al título.

Si el golf tuviera guion, este sería el momento perfecto para que Rose cerrara el círculo. Pero Augusta, como él mismo recuerda, no concede favores. Solo premia a quienes encuentran la manera de domarla.

Y quizá, solo quizá, este sea el año en que Justin Rose convierta su romance interminable con el Masters en la historia que siempre mereció.

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