Los americanos saben vender como nadie su producto, eso está claro. En este torneo del circuito de la PGA, el AT&T, los mejores profesionales del mundo tienen el placer de jugar en un campo maravilloso que este año, además, acogerá uno de los cuatro Grand Slam de la temporada, el Us Open. Allí, esta semana, los pros comparten cámaras y campo con personajes públicos, famosos, actores y gente algo alejada del golf. Show Business en potencia.
Y entre los más famosos, -allí están Kenny G, Michael Bolton, Andy García, o Bill Allen- está un enorme aficionado al mundo de los dieciocho hoyos que, quizá, sobreactúa, que ha hecho decenas de películas y que tiene legiones de seguidores en todo el mundo. Todos los pros quieren jugar con Bill Murray, pero sólo unos pocos son los elegidos. En esta ocasión Murray juega en su partido -porque es el suyo- con Tim Herron.
Murray sabe de sobra porque le llaman y le invitan: primero porque es muy famoso, simpático, porque da espectáculo, porque se tira sobre la gente si hace falta, se ríe todo el rato, atiende a las cámaras de televisión, a los fotógrafos y vende el producto de maravilla y luego porque como le encanta este deporte sabe que si hace mucho el payaso vuelve el año que viene.
El At&T es puro espectáculo televisivo, por lo menos hasta que los profesionales juegan solos y luchan por los millones de euros, una buena posición en la clasificación y, este año, para poder ver los trucos que puede tener este campo en el Us Open que hoy se ha levantado con la noticia de que a Watson, a Tom Watson, el mismo que estuvo a punto de ganar en Carnoustie el año pasado el Open Británico, de momento no le han invitado a jugar el Us Open que se jugará en estas mismas calles. Sus tres exenciones son las únicas que tiene hasta el momento, aunque quizá las cosas puedan cambiar.
Murray seguro que no estará en junio en este campo, aunque si Watson vá, podamos vivir de nuevo -como en el “Día de la Marmota”- un repetición de lo que sucedió este pasado verano en el British.