Realmente fue un The Open, desde mi humilde criterio, olvidable. Y estoy siendo injusto con el notable campeón que tuvimos, sobre el que haré su merecida mención. Ahora bien, fue un The Open olvidable para los latinos, con una baja representación. Hay que tener en cuenta que el mejor de los nuestros fue el colombiano Nicolás Echavarría, quien sigue inmerso en la irregularidad (T-67. El chileno Joaquín Niemann no pasó el corte y el amateur argentino Mateo Pulcini tampoco). Ahora, también fue olvidable por el polémico desarrollo de las acciones, con un uso de las reglas fuera del espíritu de las mismas.
¿Me parece bien que se ponga una mayor exigencia en el cumplimiento de las reglas? Me parece PERFECTO. Ahora bien, debe haber una unificación de criterios y también no dejar de lado el sentido común. Y esto no lo decimos por lo que pasó con el estadounidense Bryson DeChambeau el día viernes (hecho que hemos desarrollado y hablado en nuestro artículo anterior). Tengan en cuenta que, en el medio de la pelea por la victoria, el estadounidense Scottie Scheffler recibió una liberación en el hoyo 17 por mandar su pelota a las tribunas, sin tener evidencia concreta de que la pelota haya terminado allí. Y si bien la regla permite que esta liberación se concrete sin encontrar la pelota, también creemos que es correcto mencionar que Scottie Scheffler se metió en la pelea del evento con una ayuda que ha desvirtuado el desarrollo del torneo y que habilita a todos a aprovechar la ventaja que la regla brinda. Y terminó T-4, pero encendió una alarma que obliga a reveer este aspecto. Ah: el mismo Scheffler defendió a DeChambeau, básicamente argumentando que se debería ser más estricto con todos los jugadores y que el mismo DeChambeau tuvo el perjuicio de tener más cámaras alrededor. En fin, esto ha sido indefectiblemente un punto de inflexión, sumado a que los códigos de conducta tienen distintas penalidades, según el evento en el que nos encontremos (Robert MacIntyre y Jon Rahm sumaron advertencias por revolear sus palos, pero al chileno Joaquín Niemann lo sancionaron con 2 golpes en el U.S. Open... por hacer lo mismo). Algo tiene que cambiar.
No obstante, el evento tuvo un campeón. Y el campeón fue un neozelandés Ryan Fox que venía teniendo grandes actuaciones, pero que no terminaba de cerrar una performance que rompa el molde. De hecho, hasta este entonces tuvo 5 "Top 25" en los 4 eventos importantes, pero nunca había conseguido un Top 10 en los mismos. Sin embargo, demostró toda su experiencia adquirida en el DP World Tour y en los últimos años del PGA Tour (ganó 2 torneos en el 2025. Por otro lado, en la gira del Viejo Continente consiguió 4 coronas, siendo el tradicional BMW PGA Championship 2023 la más recordada), con un final que dejó atrás la arremetida inicial del también talentoso estadounidense Cameron Young (segundo, a 1 impacto) y la falta de contundencia de un Sam Burns al que le está costando cerrar estas disputas para su lado. ¿Y cuáles son los argumentos para defender esto? Bueno, al birdie del hoyo 14 le siguió un espectacular bogey en el hoyo 15, asumiendo que estaba realmente complicado para hacer el par. Luego de eso, consiguió un birdie trascendental en el hoyo 16 y terminó con otro birdie que le dio este notable triunfo, realizando 3 tiros perfectos en el intrincado y difícil hoyo 18 y sacando ese impacto que lo transformaría en el "Campeón Golfista del Año".
La "Claret Jug" se va para Nueva Zelanda y Ryan Fox consiguió un destacado TRIUNFO EN EL RÍO REVUELTO.