La primera vuelta de David Puig en esta 154ª edición del The Open Championship dejó una sensación de lucha constante en un Royal Birkdale que castigó cada mínimo error y que exigió al máximo al jugador catalán desde el primer tee. Su tarjeta final de 74 golpes (+4) lo sitúa en la parte baja de la clasificación (T130), pero también refleja una jornada en la que Puig mostró momentos de buen golf, alternados con errores puntuales que terminaron pesando más de lo deseado.
El inicio de David Puig fue razonablemente sólido. En sus primeros nueve hoyos, firmó un parcial de 35 golpes (+1), con pares bien gestionados y un único bogey en el 4, donde el viento cruzado complicó la salida y lo obligó a pelear por salvar el par. Aun así, su actitud fue positiva, manteniendo la calma y buscando oportunidades en un tramo inicial que no ofrece concesiones. Su juego largo funcionó con solvencia, y su capacidad para encontrar greenes le permitió evitar mayores daños antes de llegar al hoyo 9.
La segunda mitad del recorrido, sin embargo, fue más exigente. En los segundos nueve hoyos, Puig firmó un 39 (+3) que terminó de inclinar su vuelta hacia el lado negativo. El bogey del 11 llegó tras un segundo golpe que quedó corto, mientras que el error del 14, un par 5 que suele ofrecer opciones de birdie, fue especialmente doloroso: un mal tercer golpe lo dejó sin posibilidad de recuperar y terminó firmando otro bogey. Aun así, el momento más complicado llegó en el 18, donde un mal segundo golpe y un green muy expuesto al viento desembocaron en un doble bogey que cerró su jornada con un sabor amargo.
Pese a ello, la lectura general no es del todo negativa. David Puig mostró momentos de gran calidad, especialmente en los hoyos 7 y 12, donde su control del hierro corto fue excelente. Además, su actitud competitiva se mantuvo firme en todo momento, sin gestos de frustración y con la sensación de que, si logra ajustar detalles en su juego largo y afinar el putt, puede revertir la situación en la segunda jornada.
VEA LA CLASIFICACIÓN