El U.S. Open 2026 regresa esta semana a Shinnecock Hills Golf Club, en Southampton, Nueva York, un escenario que resume la historia del golf estadounidense y su evolución arquitectónica. Es el único campo que ha albergado el campeonato en tres siglos distintos —1896, 1986, 1995, 2004, 2018 y ahora 2026—, una continuidad que lo convierte en símbolo de tradición y exigencia.
Situado en el extremo oriental de Long Island, Shinnecock es un recorrido de 7.440 yardas, par 70, que combina la rudeza de un paisaje costero con la precisión de un diseño clásico. Su carácter abierto y ventoso, con amplias vistas sobre el Atlántico y la bahía de Peconic, lo convierte en un desafío permanente. La USGA lo considera un modelo de equilibrio entre técnica moderna y respeto por la naturaleza: firme, rápido y sostenible, con 42 acres de calles, 8 de bunkers y más de 100 de rough nativo.

El campo nació en 1892 con un trazado de Willie Davis, pero su identidad actual se debe a Charles Blair Macdonald y Seth Raynor, quienes lo rediseñaron en 1916, y a William S. Flynn, autor de la gran reconstrucción de 1930‑31. Flynn imaginó un paisaje de dunas y fescues que hoy, tras décadas de restauración, ha recuperado su aspecto original. La eliminación de árboles y el trabajo agronómico han devuelto la amplitud visual y el carácter de links que define su esencia.
Su clubhouse, diseñado por Stanford White en 1892, es otro icono: el primer edificio construido expresamente para un club de golf en Estados Unidos. De estilo Shingle, sin aire acondicionado, se ventila con las brisas constantes del océano y sigue siendo el corazón de la experiencia Shinnecock.
La historia del U.S. Open en este campo está marcada por episodios memorables. En 1986, Raymond Floyd ganó con 43 años tras una ronda final de 66 bajo vientos de 40 millas por hora. En 1995, Corey Pavin firmó el legendario golpe de madera 4 desde 228 yardas para vencer a Greg Norman. En 2004, el torneo se convirtió en una prueba de supervivencia por la sequedad extrema de los greenes, y Retief Goosen se impuso con una exhibición de putt. En 2018, Brooks Koepka logró su segundo título consecutivo, igualando a Hogan y Strange.

Este año, el campo mantiene la distancia de 2018 pero con líneas de siega más amplias, que acercan los bunkers al juego y devuelven protagonismo al golpe raso y al control de trayectoria. El viento, siempre presente, será el juez final.
Entre sus hoyos más emblemáticos destacan el 11, “Hill Head”, un par 3 de 157 yardas expuesto al viento y con el green más pequeño del recorrido; el 14, par 4 de 520 yardas, el más difícil del torneo; y el 16, par 5 de 614 yardas, donde Floyd selló su victoria en 1986.
Shinnecock Hills no es solo un campo: es una lección viva de historia, arquitectura y resistencia. Esta semana, el U.S. Open vuelve a su templo más auténtico.