La tercera jornada de Sergio García en el Masters de Augusta volvió a ser un ejercicio de resistencia más que una demostración de su talento, en un campo que históricamente le ha exigido más que a la mayoría y donde, salvo el mágico 2017, rara vez ha encontrado fluidez. Su 74 de hoy, +2, lo deja en +5 total, muy lejos de cualquier aspiración competitiva y, sobre todo, sin señales de que su juego esté cerca de despegar. La tarjeta, analizada golpe a golpe, refleja con claridad esa falta de continuidad que ha marcado su semana.
El inicio fue correcto, con pares encadenados del 1 al 3, sin errores pero también sin opciones reales de birdie. El primer bogey del día llegaba en el hoyo 4 y el primer momento de impulso llegó en el 6, donde firmó un birdie que lo acercaba a su objertivo de terminar al par o mejor. Después otro birdie más al 8 y par al 9 para empezar la segunda vuelta con nuevos bríos.
La segunda vuelta fue más áspera. Dos bogeys al 10 y al 11 le dejaban con un m´ças dos que seguía en la misma de toda la semana. Otro birdie más se dibujó en su tarjerta en el hoyo 13 para terminar con un buen número de pares a excepción del 17 donde un doble boey le dejó con ese +2 que no le da ninguna opción para el domingo exceptiando la de mejorar y maquillar un poco su resultado.
La sensación general es la de un Sergio García incómodo, sin mando desde el tee, obligado a jugar demasiados segundos golpes desde posiciones comprometidas y sin la finura habitual en los greenes. Augusta, un campo que premia la creatividad y la valentía, le está devolviendo una semana de supervivencia. Con +5, el objetivo del domingo será mínimo: encontrar un par de buenas sensaciones que le permitan salir de aquí con algo a lo que agarrarse.
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