Los lugareños no recuerdan unas condiciones así en su semana más esperada del año, y uno que cumple su decimosexta visita al edén golfístico por excelencia tampoco visualiza un Masters de Augusta sin una sola gota de agua. Las tormentas en esta época del año siempre han castigado al torneo, pero en 2026 apenas hay un 10% de posibilidades de precipitaciones esporádicas el jueves; durante el resto del evento el sol, el calor y la suave brisa serán protagonistas.
Por primera vez, condiciones ideales para que la organización pueda moldear los resultados a su antojo. "Estamos en sus manos", advertía Olazábal, que, dentro del mayúsculo reto de esta semana, prefiere que la sequedad y dureza de las calles les ayude a conseguir algún metro extra que le haga más llevaderos los larguísimos golpes a green. Hoy el vasco jugó el hoyo 18 como si fuera un par 5, y el jueves en su partido le espera Aldrich Potgieter, que lidera la estadística de distancia en el PGA Tour con 324,8 yardas, exactamente 56 yardas, es decir, 50 metros menos que el promedio de distancia al que está enviando su bola José María Olazábal.
Uno de los voluntarios que nos transporta del centro de prensa a las cercanías del hoyo 1 nos corrobora: "Va a ser el Masters más seco de la historia". El precedente más cercano es el Masters de 2011, aquel en el que Álvaro Quirós empezó coliderando el torneo con -7 junto a Rory McIlroy y que se terminaría llevando Charl Schwartzel con -14. Fue el Masters más seco que se recuerda, aunque si esperan ver los greenes marrones el fin de semana, creo que nunca sucederá. Pese a que tenemos los condicionantes históricos para una vuelta de tuerca al Masters, los rectores de Augusta jamás consentirían que el verde intenso que domina los televisores durante esta semana llegue a tornarse en amarillo.