La llegada de Scottie Scheffler a este cuarto major de la temporada estaba rodeada de interrogantes, presión y expectativas. El número uno del mundo, campeón del The Open 2025, aterrizaba en Royal Birkdale con una temporada irregular, marcada por una única victoria en el PGA Tour, la lograda en el American Express, y sin ningún major conquistado en 2026. Para un jugador de su calibre, acostumbrado a dominar semana tras semana, este escenario suponía un desafío emocional y competitivo. Scheffler sabía que, como defensor del título, tenía la obligación de firmar un gran torneo, estar en la pelea hasta el domingo y, si todo encajaba, levantar su primer grande del año.
Champion Golfer Scottie Scheffler has made a flying start. He has the outright lead on -4, after four birdies in his opening six holes. pic.twitter.com/vQC2xTviQd
— The Open (@TheOpen) July 16, 2026
En ese contexto, el inicio del Open era crucial. Scheffler necesitaba un buen comienzo, una vuelta que le devolviera sensaciones, confianza y ritmo competitivo en un links tan exigente como Birkdale. Y eso fue exactamente lo que consiguió: una sólida tarjeta de 68 golpes (-3) que lo coloca desde el primer día en la zona noble de la clasificación y, sobre todo, le permite enviar un mensaje claro al resto del field: está listo para defender su corona.
Su vuelta fue un ejemplo de control, paciencia y precisión. En los primeros nueve hoyos, Scheffler firmó un brillante 31 golpes, con birdies en los hoyos 2, 3, 4, 5 y 6, una secuencia que lo llevó rápidamente hasta el -4. Su juego largo fue impecable, su lectura del viento extraordinaria y su capacidad para encontrar calles y greenes en un campo tan firme como Birkdale, sencillamente magistral. El único tropiezo llegó en el 7, donde un error desde el tee le costó un bogey que lo devolvió al -3, pero su reacción fue inmediata: volvió a estabilizar su vuelta con pares seguros en el 8 y 9.
En los segundos nueve hoyos, Scheffler mantuvo el control. Su 37 golpes en la segunda mitad reflejan una estrategia más conservadora, consciente de que el viento había aumentado y de que el campo exigía menos riesgo. El bogey del 17, tras un segundo golpe que se quedó corto, fue el único error del tramo final, pero no empañó una vuelta que, en conjunto, fue sobresaliente.
Más allá de los números, lo más importante fue la actitud de Scottie Scheffler. Se le vio cómodo, confiado, con una energía competitiva que no siempre ha mostrado este año. Su putt, tantas veces cuestionado, respondió en los momentos clave. Su juego de hierros volvió a ser una referencia mundial. Y su presencia en el campo transmitió la sensación de que el campeón está de vuelta.
Con este -3, Scheffler se coloca en una posición ideal para afrontar el viernes y, sobre todo, para construir una semana que podría culminar con su segundo Claret Jug consecutivo. El defensor del título ha cumplido con su primera obligación: empezar fuerte. Ahora, el Open entra en su territorio favorito: la lucha.