J.J. Spaun, campeón defensor del U.S. Open, vivió en esta primera jornada de 2026 una de esas vueltas que pesan más de lo que dicen los números. Su 77 (+7) en Shinnecock Hills no solo lo deja muy lejos de la pelea por los primeros puestos, sino que lo sitúa en una posición extremadamente delicada de cara al corte del viernes, obligándole a una reacción casi perfecta para mantener vivo su título.
El inicio ya anticipaba dificultades. Spaun abrió con bogey en el 1, recuperó sensaciones en el par 3 del 2 con un sólido par, pero pronto quedó claro que no encontraba ni ritmo ni control. Su primer parcial, un 38 (+3), combinó errores en los hoyos 1, 3 y 4 con una ligera estabilización en la parte final del tramo inicial. Sin embargo, el campeón no lograba generar oportunidades reales de birdie ni imponer la solidez que lo llevó a la victoria un año antes.
La segunda vuelta fue aún más cuesta arriba. El bogey en el 10 elevó su tarjeta a +4 y, aunque encadenó una serie de pares que parecían contener la hemorragia, el tramo final volvió a ser letal. El bogey del 17 y, sobre todo, el doble bogey del 18, lo enviaron hasta ese +7 que lo deja a contrapié en un major donde cada golpe pesa como una losa.
Más allá del resultado, la sensación general fue la de un jugador incómodo, sin la precisión desde el tee que caracterizó su triunfo en 2025 y con dificultades para controlar la bola en los greenes firmes y rápidos de Shinnecock. Spaun evitó excusas, pero sí reconoció que “no fue el día, no encontré nada y pagué cada error”, una declaración que refleja la crudeza de su vuelta.
El campeón defensor necesitará una actuación radicalmente distinta en la segunda jornada para aspirar a pasar el corte. La presión es máxima, pero también lo es su capacidad competitiva. El viernes dictará sentencia para un jugador que llegó como referencia y que ahora lucha por no despedirse demasiado pronto.