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La precisión del cirujano y los brotes verdes del golf español

La Contracrónica

Hugo Costa | Lunes 18 de mayo de 2026

No ha sido la semana de Rory McIlroy, ni dentro ni fuera del campo. En la víspera del torneo, el norirlandés advertía que la precisión no iba a ser importante en la estrategia de la semana; la apuesta de Rory era la potencia. Los 74 golpes y un puesto 104 tras los primeros 18 hoyos no le dejaron en buen lugar, aunque aún es más sonrojante que el jugador más preciso que tiene el golf sea el ganador final del PGA Championship. Rai ha jugado esta semana sus golpes de approach desde 153 metros de media, seis metros más lejos del hoyo de lo que marca la media del torneo. Con la precisión de cirujano que siempre le ha caracterizado, Rai cogió siete de las últimas ocho calles para por fin romper una racha de 10 victorias americanas consecutivas en el segundo major del año.







Rai comenzaba 175 a 1 en las apuestas esta semana, venía de jugar bien en Myrtle Beach, el torneo opuesto al signature disputado en Quail Hollow, donde el inglés no pudo clasificarse. Logra la primera victoria de un jugador inglés en este major desde 1919, aunque Rai se mostró muy orgulloso de sus raíces indias y keniatas.

Y el golf en general, se ha mostrado contento por abrazar a un nuevo ganador; es disciplinado, trabajador, discreto, y educado, no se relaciona mucho con sus compañeros, pero jamás le habrás visto un mal gesto en un campo de golf. Su mujer, profesional india, Gaurika Bishroi comentaba ayer a un grupo de periodistas americano que nunca verás sacar un puño a su marido. "Por respeto a sus rivales", tendrá que corregir esto si quiere jugar la Ryder Cup, no puedo ni imaginarme lo que hubiera sido su presencia en la pasada de Nueva York.

No podemos poner muchos peros al día de Jon Rahm. Cogió los últimos 11 greenes, con buenos y largos drives, si bien es cierto que no hubo ningún chispazo a los que nos tiene acostumbrados, un approach dejando la bola dada o un puro que acostumbra a meter en momentos de presión. Faltó esa brillantez que suele marcar las diferencias, tanto para dejar la bola más cerca como para embocar algún putt. De hecho, en esos 11 hoyos finales solo embocó el birdie en el hoyo 16, par 5. El único putt de más de dos metros que embocó en todo el tramo final. De hecho, su metraje de la ronda final de putts embocados fue de 17,7 metros; solo el putt embocado por Rai en el 17 midió 20 metros. El ganador embocó más de 54 metros en putts.

Con la pena de una buena oportunidad perdida, este major deja muchos detalles positivos para el golf español, el primero la presencia por primera vez con los grandes de Ángel Ayora, con un resultado que puede generar engaños. Me atrevería a decir que, si lees la letra pequeña, hasta el colapso, el juego y la actitud de Ayora estuvieron a la altura de los mejores.






Lo de David Puig es estelar, su mejor participación en un major (un top-20) ha servido con justicia para despertarse top-60 del mundo y asegurar su plaza en el US Open de Shinnecock Hills en menos de cuatro semanas.

Finalmente, la mejor actuación en majors de Jon Rahm desde que está en el LIV Golf y su actitud en el campo deberían servir para callar algunas bocas. Esta, la de 2026, sí es la versión del jugador de Barrika que nos gusta ver en un campo. Rahmbo asciende al duodécimo puesto del ranking mundial. Lo que hemos visto en Aronimink me atrevo a decir que será el ecosistema habitual de los majors de los próximos años, el talento español representado en tres nombres que serán fijos en estas grandes citas y a los que no tardarán en incorporarse nombres como Josele Ballester, Eugenio López-Chacarra o Pablo Ereño, que ajeno a todo lo que sucedía en Filadelfia, lograba su primera gran victoria en el Challenge de Cataluña.


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