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Rahm se queda sin PGA Championship y cede ante la exhibición de Aaron Rai

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Redacción Elperiodigolf.com | Lunes 18 de mayo de 2026

La lógica del golf moderno decía que el ganador del PGA Championship debía salir de alguno de los nombres que dominaban el abarrotado liderato de Aronimink. Allí estaban Jon Rahm, Rory McIlroy, Xander Schauffele, Ludvig Åberg o Justin Thomas, todos preparados para asaltar el Wanamaker Trophy en una de las jornadas finales más igualadas que se recuerdan en un major. Pero el golf, siempre caprichoso, volvió a demostrar que no entiende de jerarquías. El campeón inesperado fue Aaron Rai, jugó en -6 en los últimos 10 hoyos del recorrido.






El inglés de 31 años firmó una vuelta final extraordinaria de 65 golpes (-5) para conquistar su primer major y convertirse en el primer golfista inglés en ganar el PGA Championship desde 1919. Una hazaña tan inesperada como brillante en un Aronimink Golf Club que volvió a mostrarse implacable y donde el temple terminó imponiéndose al talento explosivo de las grandes estrellas.

Jon Rahm terminó compartiendo la segunda plaza con el estadounidense Alex Smalley, ambos con -6 y a tres golpes del campeón. El español volvió a quedarse a las puertas del único major que todavía se le resiste, el torneo que completaría el Grand Slam para el golf español. Por segundo año consecutivo, Rahm acaricia la posibilidad de poner en sus vitrinas este inédito major par España.

La jornada arrancó con una clasificación comprimida hasta límites históricos. Más de veinte jugadores mantenían opciones reales de victoria. Y durante buena parte de la tarde parecía cuestión de tiempo que alguno de los grandes terminara imponiendo su ley. Rahm aguantaba al acecho, McIlroy remontaba posiciones, Schauffele esperaba paciente y Åberg amenazaba con dar el golpe definitivo. Pero mientras todos ellos titubeaban, Aaron Rai construyó una exhibición silenciosa e impecable.

El punto de inflexión llegó en el hoyo 9, donde el inglés embocó un espectacular eagle desde más de 12 metros para meterse definitivamente en la pelea. Más tarde, un hierro magistral en el 11 le permitió firmar otro birdie y tomar aire en cabeza. Pero fue el golpe de 209 yardas al green del hoyo 16 el que prácticamente decidió el campeonato. A partir de ahí, Rai jugó con una serenidad impropia de alguien que jamás había terminado mejor que decimonoveno en un major.

El inglés culminó el recorrido con nueve bajo par total y una de las mejores segundas vueltas de toda la semana. Su parcial de 31 golpes en los últimos nueve hoyos igualó el mejor cierre del campeonato. Incluso tuvo tiempo para levantar definitivamente el torneo con un putt kilométrico de más de 20 metros en el hoyo 17.

La victoria de Rai supone una de las historias más improbables de los últimos años en los majors. El inglés llegó al torneo fuera de los grandes focos, después de meses muy discretos y sin un solo top-20 esta temporada en eventos regulares del PGA Tour. De hecho, había perdido incluso el acceso a los torneos signature del circuito estadounidense. La pasada semana en Myrtle Beach apenas había dado las primeras señales de recuperación con una quinta plaza.

Su figura rompe todos los moldes del golf moderno. Rai sigue utilizando dos guantes, uno en cada mano, y fundas individuales para cada hierro, algo prácticamente desaparecido en el golf profesional. Una costumbre heredada de su padre, Amrik Rai, que limpiaba personalmente cada palo cuando Aaron era niño en Wolverhampton. Sin grandes patrocinadores, sin agente y apoyado únicamente por su entorno más cercano y por su esposa en labores de gestión, Rai construyó una carrera a fuego lento desde los circuitos menores europeos hasta tocar el cielo del golf mundial.

Para el golf español queda el sabor amargo de una oportunidad que volvió a escaparse. Rahm peleó hasta el final y volvió a demostrar que es uno de los jugadores más fiables en los grandes escenarios, pero el PGA Championship sigue resistiéndose. Mientras tanto, el Wanamaker Trophy terminó en las manos de un campeón inesperado, uno de esos nombres que convierten al golf en el deporte más imprevisible del mundo: Aaron Rai.

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