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Un domingo para la historia: el abrazo de Puig y 'Blaster' en el green del 18

La contracrónica del PGA Championship

Hugo Costa | Sábado 16 de mayo de 2026

No puedo decir que estoy sorprendido de ver a David Puig (-2) en la pomada en el ecuador del PGA Championship. Desde estas páginas de El Periodigolf llevamos mucho tiempo hablando del prodigio español y de su insultante solidez. Quizás las dudas me asaltaban más en el plano físico y mental, después de una temporada donde Puig lleva acumulados alrededor de 92.000 kilómetros, algo más de dos vueltas al mundo en seis meses persiguiendo a la pelotita blanca. De Australia a Dubái, después a Arabia Saudí, Australia, Hong Kong, Singapur, Sudáfrica, India, México, Turquía, Virginia y Filadelfia. Al igual que esta semana, en algunos de esos viajes el Willy Fog del golf ha estado acompañado por ‘Blaster’, su inseparable caniche marrón. Por encima de cualquier estadística o récord al que pueda aspirar Puig, sueño con ver, por primera vez en la historia de los majors, un abrazo entre humano y can el domingo en el hoyo 18.






Dejando los asuntos perrunos aparte, Puig, que igualó con 67 golpes su mejor ronda en los seis majors que hasta ahora lleva disputados, fue el mejor ayer sobre los greenes de Aronimink, ganando más de cuatro golpes a la media del torneo. Además, el catalán es el sexto mejor jugador desde el tee esta semana. El primer día también lideró esta estadística.

Apagón de Jon Rahm desde el hoyo 12

Mi sensación es que el juego de Jon Rahm (-1) está cogido con alfileres. Es tan bueno que ha maquillado carencias hasta llegar al fin de semana tres golpes por detrás de los líderes. Un dato demoledor: de los 82 jugadores que han pasado el corte en +4 o mejor, Jon Rahm ocupa el puesto 80 en proximidad a bandera en sus golpes de approach. Es decir, solo hay dos jugadores que están dejando la bola más lejos del hoyo que el golfista de Barrika. Pese a todo, ayer se defendió con el único birdie del día en el hoyo 8, un par 3 brutal que promedió el viernes 3,399 golpes. De los 156 jugadores que pasaron ayer por ese hoyo, 110 hicieron bogey. El otro gran birdie de Rahm llegó en el 11. Se colocó tercero y, con la salida en el hoyo 12, llegó el apagón del de Barrika. Su bola salió tan por la derecha que terminó impactando en el pie de Wyndham Clark, sorprendido mientras pateaba en el green del hoyo 15. Logró salvar el par, pero ya no fue lo mismo. En los primeros 11 hoyos cogió siete calles; en los últimos siete, falló todas. Lo dicho, por mucha garra que derroche el dos veces ganador de majors, si quiere cumplir el sueño de completar el Grand Slam español, necesita corregir algunas cosas.

Críticas a la PGA de América

Hay un cierto ambiente de cabreo generalizado hacia la PGA de América por la preparación de su major. De los corrillos durante las rondas de prácticas que hablaban de llegar a -20, a las críticas sobre el set up que ayer hasta McIlroy expresó en rueda de prensa: “Es fácil hacer muchos pares, difícil hacer birdies, y no es que sea complicado cometer bogeys, pero da la sensación de que el bogey es el peor resultado que vas a hacer en cualquier hoyo. No hay muchos peligros”, afirmó para verbalizar que la preparación del campo “no le parecía la adecuada”. No puedo estar más en desacuerdo con el norirlandés.

Muchas críticas se llevó la posición de bandera del 6, la del hoyo 8 y, sobre todo, la del 14. “Absurda, la más dura que he visto en mucho tiempo”, dijo el número uno, Scottie Scheffler, otro superviviente con -1, al que le tocó jugar el turno más duro. En este caso, los españoles tuvieron suerte, ya que en su turno mañana-tarde hubo menos viento, jugándose un golpe de media más fácil que el de Scheffler y compañía (tarde-mañana).






El drama de Ayora


Por encima de las complejidades que pueda ofrecer Aronimink, en el golf el principal enemigo eres tú mismo. Duele escribir esto cuando la segunda jornada del PGA Championship pasó de triunfal para el golf español a ensañarse con uno de los nuestros.

Ángel Ayora debutaba con 21 años en un major y, tras el birdie en el hoyo 9 y una primera parte del recorrido perfecta con -3, llegó el colapso. Desde un acumulado de -3, mirando a solo tres golpes de la cabeza del torneo, pasó lo inimaginable. La cabeza de Ángel Ayora terminó imponiéndose a su movimiento casi perfecto. Siete sobre par en nueve hoyos y el corte en Aronimink saltaba por los aires. Tras un buen par en el 17, llegó al 18 con la necesidad de hacer cuatro golpes y se fue con doble bogey tras una mala salida a la izquierda.

El entorno de Ayora no puede estar más preparado. Su manager es Javi Ballesteros, hijo de Seve, su caddie y entrenador, Juan Ochoa, está siempre en la bolsa, y cuenta además con la experiencia bajo presión de todo un ganador de major como Juan Carlos Ferrero, mentor de Carlos Alcaraz. Es el ejemplo más gráfico de que, por mucha y buena gente que tengas a tu alrededor, en el campo estás tú solo y la bola.

Creo firmemente que Ángel ganará majors y que dentro de unos años recordaremos este colapso como una anécdota, pero todavía, unas horas después, escuece. Ayora es uno de los pocos jugadores que va sobrado y que juega guardándose artillería. No solo su entorno, esta semana jugadores como el reciente ganador Kristoffer Reitan y el propio Jon Rahm le han aconsejado lo contrario, que lo dé todo, sin miedo, que juegue suelto y fluido. Y aunque tu cuerpo quiera, hay veces que la cabeza no es capaz. Trabajo tienen por delante Ayora y su equipo. La ilusión no debe decaer porque el talento es deslumbrante. Sin mucho tiempo para recuperar la cabeza, Ayora disputará 36 hoyos el lunes en Nueva York en las previas para intentar clasificarse para el US Open.