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Scottie Scheffler (-3) colíder en un PGA Championship lleno de emoción, buen juego y múltiple empate en cabeza

PGA Championship

Guillermo Salmerón | Viernes 15 de mayo de 2026

La primera jornada del PGA Championship en Aronimink dejó un panorama tan apretado como memorable: un empate a siete en lo más alto de la clasificación, el mayor desde 1969. Y aun así, entre tanta igualdad, un nombre brilló con luz propia. Scottie Scheffler, número uno del mundo, firmó un sólido 67 (-3) para situarse en cabeza y demostrar que, incluso en un día duro en los suburbios de Filadelfia, sigue siendo el hombre a batir.






El texano aprovechó dos largos birdies y un golpe de fortuna en el hoyo 17 para completar una vuelta que, más allá del resultado, transmitió control y madurez. Fue su decimotercera ronda en un major liderando al menos de forma parcial, pero sorprendentemente la primera vez que lo hace tras una vuelta inaugural. Su consistencia, especialmente desde el tee —solo falló una calle—, marcó la diferencia en un día en el que Aronimink mostró los dientes con greens severamente ondulados, calles rápidas y un viento que complicó cualquier intento de ataque.

A su lado en lo más alto aparecen Martin Kaymer, Aldrich Potgieter, Stephan Jaeger, Min Woo Lee, Ryo Hisatsune y Alex Smalley, todos con 67. Un grupo tan heterogéneo como inesperado, especialmente por la presencia del alemán Kaymer, campeón del torneo en 2010 y actualmente relegado al puesto 1.160 del ranking mundial.

Scheffler impone su ley en un campo implacable

La vuelta de Scheffler fue un ejercicio de paciencia y precisión. El estadounidense arrancó con firmeza y encontró su primer gran impulso en el hoyo 7, donde embocó un putt de casi 12 metros. Repitió la fórmula en el 10, esta vez desde unos nueve metros, demostrando que, incluso en greens traicioneros, su toque sigue siendo diferencial.

El momento más curioso llegó en el par 3 del 17. Desde un rough espeso y con un chip complicado por encima de una cresta, Scheffler recibió alivio gratuito al encontrarse su bola cerca de una tapa de riego. El drop le permitió jugar desde el fringe y salvar un par que, a la postre, resultó clave para mantener el liderato compartido.

Es el mejor inicio que he tenido este año, quizá junto al American Express”, reconoció después. “Si estás en la calle, puedes hacer birdies, pero sigue siendo muy difícil”. Su análisis reflejó la realidad del día: solo 48 jugadores terminaron a tres golpes o menos del liderato, prueba de que Aronimink no regaló nada.

Entre los colíderes, la historia más llamativa fue la de Martin Kaymer. El alemán, que no se veía en un top 10 tras una primera ronda de un major desde 2020, confesó que incluso en la cena de campeones le preguntaron si realmente iba a jugar esta semana. Su respuesta, tan directa como motivadora, se tradujo en una vuelta impecable que lo devuelve, al menos por un día, a los focos.

McIlroy se hunde, Rahm reacciona y Reed firma la vuelta más limpia

La jornada dejó también contrastes notables entre los grandes nombres. Rory McIlroy, reciente campeón del Masters, vivió un final desastroso con cuatro bogeys consecutivos para un 74 que lo obligó a pasar horas en el campo de prácticas. Luchó con el rough, con los greens y consigo mismo, y definió su vuelta con una palabra que, según él, “se traduce libremente como caca”.

Jon Rahm, por su parte, parecía encaminado a otro inicio complicado en un major, pero reaccionó con brillantez: eagle desde la calle en el 11 y un chip magistral para birdie en el 8. Su 69 lo mantiene en la pelea y dejó una reflexión irónica cuando le comentaron que algunos esperaban mejores resultados por la mañana: “¿De verdad? ¿Han estado ahí fuera?”.





Patrick Reed fue el único jugador sin bogeys en su tarjeta. Su 68 lo coloca en un grupo competitivo junto a Xander Schauffele y Shane Lowry, ambos muy efectivos en los pares 5. Mientras, Jordan Spieth, que persigue completar el Grand Slam, cerró con dos bogeys en sus últimos tres hoyos y desperdició el par 5 del 9, el más asequible del campo. Aun así, su 69 lo mantiene en una posición razonable. Entre los que más sufrieron, Bryson DeChambeau firmó un 76 que solo evitó que fuera peor gracias a un birdie final en el hoyo 9. Ahora deberá remar para evitar un segundo corte fallado consecutivo en un major.

La primera jornada del PGA Championship dejó un tablero comprimido, un campo exigente y la sensación de que todo está abierto. Como dijo Scheffler, “es el torneo de cualquiera”. Y con 48 jugadores en un margen de tres golpes, no le falta razón.

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