El día que Rory McIlroy regresaba a la competición tras conquistar su segundo Masters consecutivo, el protagonismo se lo llevó un hombre inesperado. Matt McCarty firmó una exhibición de birdies en el siempre exigente Quail Hollow Club para colocarse líder del Truist Championship tras una primera jornada marcada por la lluvia y los retrasos. El estadounidense, que llegaba lanzado después de encadenar cuatro torneos consecutivos dentro del top 25 del PGA Tour, entregó una espectacular tarjeta de 63 golpes (-8), construida a base de nueve birdies y un putter en estado de gracia. Su ventaja es mínima: apenas un golpe sobre el surcoreano Sungjae Im, que tuvo que abandonar el campo cuando estaba disputando su último hoyo debido a la tormenta que obligó a suspender la jornada.
Mientras McCarty embocaba desde todas partes, McIlroy vivía el escenario opuesto. El norirlandés, dominador histórico de Quail Hollow con cuatro victorias y varios récords de resultados, arrancó el torneo con 17 pares consecutivos. Un ejercicio de supervivencia más que de dominio. No fue hasta el hoyo 9, el último de su vuelta, cuando logró embocar por fin un birdie. La reacción fue tan irónica como liberadora: brazos al cielo y sonrisa sarcástica después de una jornada desesperante sobre los greenes. “No recuerdo la última vez que jugué una ronda sin hacer un birdie. Llegó un momento en que solo pensaba: intenta meter uno”, confesó McIlroy tras finalizar con 70 golpes (-1), siete por detrás del líder.
El campo, castigado por más de dos pulgadas de lluvia entre la noche del miércoles y la mañana del jueves, jugó mucho más largo de lo habitual. Una condición que, en teoría, debía favorecer a McIlroy. Pero el número dos del mundo nunca terminó de encontrar el ritmo. “El recorrido está muy largo y eso normalmente me beneficia. Creo que golpeé bien la bola y jugué mejor de lo que refleja el resultado, pero todavía quedan tres días para remontar”, aseguró.
La gran historia del día fue, sin duda, la de McCarty. El estadounidense destrozó la temida recta final de Quail Hollow, el famoso “Green Mile”, gracias a dos putts imposibles: uno de casi 18 metros en el 16 y otro de más de 15 en el 17. A partir de ahí, todo fluyó. Aunque reconoció que no empezó especialmente fino desde el tee, los putts largos cambiaron por completo la dinámica de su vuelta. “No estaba pegando especialmente bien al principio, pero cuando empiezas a meter putts de más de 15 metros el día cambia completamente”, explicó.
Otro de los nombres propios de la jornada fue Cameron Young, que continúa atravesando el mejor momento de su carrera. El estadounidense, que cumplió 29 años este jueves, volvió a colocarse en la pelea tras situarse a cuatro golpes del liderato junto a Tommy Fleetwood. Young parece haber dejado atrás definitivamente su fama de jugador incapaz de cerrar victorias. Después de pasar 93 torneos sin ganar, ahora acumula tres triunfos en sus últimos 14 eventos, incluido el logrado la semana pasada en Doral.
La otra cara de la moneda la protagonizaron los compañeros de partido de McIlroy. Justin Rose terminó claramente frustrado tras una ronda de 71 golpes. El inglés llegó incluso a soltar el palo deliberadamente tras un golpe de aproximación fallido, mirando después al hierro como si le reclamara explicaciones. El inglés cumple su primera semana tras un sorprendente cambio de material al ficha por McLaren Golf. Peor aún fue el día para Matt Fitzpatrick. El campeón del U.S. Open perdió los nervios después de enviar una madera de calle al agua en el hoyo 7, camino de un bogey que resumió una vuelta para olvidar. Su 74 (+3) le deja ya a once golpes del liderato. Paradójicamente, su hermano Alex Fitzpatrick brilló mucho más con una sólida ronda de 67 golpes.