Nadie pudo discutir el dominio de Nelly Korda en el The Chevron Championship. La estadounidense recuperó el número uno del mundo con una actuación que rozó la perfección… incluso en uno de los torneos más incómodos que recuerda. Porque lo que sobre el papel fue un paseo —victoria por cinco golpes, la mayor diferencia en este major en los últimos 18 años—, en realidad fue un ejercicio constante de control emocional. Korda jugó los últimos 29 hoyos al par en el exigente Memorial Park y aun así le bastó para cerrar el torneo con una autoridad incontestable.
Nadie se acercó a menos de cuatro golpes en todo el fin de semana. “No es fácil salir con tanta ventaja. El reto era saber cuándo seguir siendo Nelly y cuándo jugar de forma más defensiv a”, confesó la campeona tras embocar el putt definitivo, un par de algo más de dos metros que selló una tarjeta final de 70 golpes (-2). Ese último golpe desató más alivio que euforia. Acto seguido, cumplió con la tradición: un salto —esta vez calculado— a la pequeña piscina junto al green del 18, heredera del mítico Poppie’s Pond. “Primero los pies. Sabía que apenas tenía profundidad”, bromeó, ya envuelta en la bata blanca de campeona.
Korda partía el domingo con cinco golpes de ventaja y no tardó en dejar claro que el torneo no iba a cambiar de dueño. Dos birdies tempranos y otros dos en la segunda vuelta terminaron de apuntalar una victoria que nunca estuvo realmente en peligro. Eso sí, hubo momentos de tensión. Su estrategia conservadora le dejó varios putts comprometidos de par, especialmente tras los errores del sábado desde corta distancia. En el hoyo 11 salvó uno clave, pero en el siguiente dejó escapar otro y su renta se redujo a cuatro golpes.