Lo que durante años pareció una losa —la eterna búsqueda de su chaqueta verde— se ha transformado en una exhibición de autoridad. Rory McIlroy ha tomado el control absoluto del Masters con una segunda jornada deslumbrante, una de esas actuaciones que cambian el pulso de un torneo y que evocan inevitablemente a Tiger Woods en sus mejores días.
El norirlandés firmó 65 golpes (-7) para situarse con un acumulado de -12 y abrir una brecha de seis impactos sobre el resto del campo. Su final, con cuatro birdies consecutivos, fue una declaración de intenciones en toda regla: no solo lidera, domina. Augusta, por momentos, pareció rendirse a su inspiración.
Mientras tanto, la resistencia española sigue viva, aunque lejos del epicentro de la pelea. Jon Rahm y Sergio García lograron salvar el corte, pero sin opciones reales de pelear por la victoria. El torneo, de momento, pertenece a McIlroy.
Por detrás, intentan mantenerse a flote nombres como Sam Burns y Patrick Reed (ambos con -6), seguidos de un grupo de aspirantes que incluye a Justin Rose, Shane Lowry y Tommy Fleetwood (-5). Más atrás, Tyrrell Hatton protagonizó una de las remontadas del día tras alcanzar todos los greenes en regulación, una rareza en Augusta.
Los números de McIlroy no solo impresionan por el resultado, sino por su dimensión histórica. Su 65 es la vuelta más baja jamás firmada por un defensor del título en el Masters, y la ventaja de seis golpes es la mayor registrada en un major desde el PGA Championship de 2019. El torneo, a estas alturas, parece inclinarse peligrosamente hacia un desenlace anticipado.
El contraste lo puso Scottie Scheffler, número uno del mundo, que se quedó estancado en el par del campo y ya se encuentra a diez golpes del liderato. Más abrupta fue la caída de Bryson DeChambeau, que firmó un doloroso triple bogey en el 18 para quedarse fuera del fin de semana.
En el lado español, la jornada dejó sensaciones encontradas. Sergio García vivió un día de frustración constante, reflejada tanto en su tarjeta (75 golpes, +3) como en su lenguaje corporal. El castellonense dejó escapar golpes en todas las direcciones y terminó visiblemente abatido, incluso deslizando dudas sobre su futuro competitivo.
Jon Rahm, por su parte, cerró con 70 golpes para mantenerse fiel a su tradición en Augusta —diez cortes superados en diez participaciones—, aunque sin encontrar todavía su mejor versión. El de Barrika, que recibió el apoyo inesperado de Rafa Nadal que estuvo siguiéndole en los últimos hoyos y una llamada esta mañana de Carlos Alcaraz, El de Barrika no descarta una remontada que le permita acercarse al top 10.
Peor suerte corrió José María Olazábal, que se despidió del torneo tras una ronda de 79 golpes. A sus 60 años, el doble campeón del Masters asumió con emoción y realismo su situación, en una despedida marcada más por los recuerdos que por el resultado.
Augusta, que ha endurecido ligeramente sus greenes para frenar la sangría de birdies, aún guarda margen para endurecer el examen durante el fin de semana. Pero la gran incógnita es otra: si alguien será capaz de inquietar a un McIlroy que, por ahora, juega en otra dimensión.