Masters de augusta

José María Olazábal, un líder fugaz que volvió a emocionar

Masters de Augusta

Guillermo Salmerón | Jueves 09 de abril de 2026

Durante buena parte de la mañana del jueves, el Augusta National volvió a vivir una de esas escenas que solo el Masters es capaz de regalar: el nombre de José María Olazábal en lo más alto del tablero. A sus 60 años, el doble campeón del Masters firmó un arranque de vuelta que rozó lo milagroso, un ejercicio de precisión, temple y sabiduría que lo llevó a situarse líder con -2 tras cinco hoyos, recordando a todos que las leyendas nunca abandonan del todo los lugares donde fueron felices.






El vasco comenzó su ronda con la serenidad de quien conoce cada ondulación del campo, cada caída de green, cada trampa invisible. En el hoyo 2, un par 5 que siempre le ha sonreído, dejó un segundo golpe perfecto y embocó un birdie que encendió los primeros murmullos en la colina. En el 3, un par 4 traicionero, volvió a golpear con un hierro preciso y un putt firme para colocarse en -2, un resultado que lo catapultó momentáneamente al liderato del torneo. Augusta, que respira historia en cada esquina, se detuvo un instante para mirar al español con el mismo respeto de siempre.

“Cuando gané mi segundo Masters (99) empecé con 74. La verdad es que acabé bastante cabreado. Me fui a la cancha de prácticas y, evidentemente, todo cambió en las tres siguientes rondas”, comentó el español muy tranquilo y satisfecho del trabajo. Es consciente de que le quedan pocos años de competición en el Masters y trata de disfrutar de cada momento en Augusta. “Ha sido una sorpresa, para mí y para todos, supongo. Pero me he visto ahí arriba y me he dicho, ¡Vamos!. ¡Estás liderando el Masters!. Obviamente ha sido un momento divertido e ilusionante, pero hay que ser consciente y realista de dónde estás. No aspiro a ganar el Masters, pero sí a seguir disfrutando todo lo que pueda, dando lo mejor de mí, como siempre, y alguna alegría como ésta.

“Ese es el objetivo. Obviamente ha sido maravilloso poder tener ese resultado. Y lo he disfrutado muchísimo. Pero desde una posición de tranquilidad y de disfrutar del momento”, dije feliz el jugador vasco, que sólo miró el marcador en tres ocasiones

“No, no miraba todo el rato el marcador. Me he puesto dos bajo par en el Hoyo 3 y he hecho una buena salvada en el radio 5 porque sabía que en ese hoyo casi no llegó ni de dos. Y creo que he mirado en el 3, 5 y 11. Y sí disfrutando del momento. Un poquito sorprendido, no te lo voy a negar. Pero bueno, es una de esas anécdotas que no te la esperas, sobre todo viniendo un poquito justito de juego”.

Los primeros nueve hoyos fueron una clase magistral de supervivencia y lectura del campo. Olazábal firmó un 34 (-2) en ese tramo, igualando su mejor registro histórico en el Masters, logrado por primera vez hace casi cuatro décadas. Su juego corto, ese que tantas veces lo sostuvo en los momentos decisivos, volvió a brillar en el 7, el 8 y el 9, donde salvó pares que para otros habrían sido bogeys inevitables.

Pero Augusta es larga. Demasiado larga ya para él. El campo, estirado más de 500 metros desde sus victorias, exige una potencia que el tiempo se ha llevado, pero no así la inteligencia competitiva. Aun así, en la segunda vuelta llegó el peaje: un bogey en el 14, un doble bogey en el 15 tras una mala salida y otro bogey en el 17 que lo dejaron finalmente en 74 golpes (+2). Un resultado duro para lo que había mostrado, pero noble en su significado.






Porque lo importante hoy no fue el +2. Fue la manera. Fue la emoción. Fue ver a José María Olazábal competir con la dignidad de los grandes, con la mirada limpia de quien sabe que ya no lucha contra el campo, sino contra el tiempo, y aun así se permite ganar pequeños duelos que conmueven a todo el que lo observa.

“A ver, yo entiendo que el objetivo para muchos jugadores obviamente es ganar. Cuando tienes 60 años, las cosas las ves desde otro prisma, desde otra perspectiva. Y la verdad es que muchas veces perdemos de vista lo importante que es el hecho de estar aquí, el hecho de poder hacer lo que nos gusta, de jugar un grande. Y no solamente este, sino cualquiera. Y hay veces que perdemos eso de vista. Y la verdad es que cuando te vas haciendo mayor, empiezas a apreciar otras cosas”.

El palmarés del español en Augusta es parte esencial del ADN del torneo. Sus victorias en 1994 y 1999 lo elevaron al Olimpo del Masters, pero su legado va más allá de las chaquetas verdes. Olazábal es uno de los jugadores más queridos por los aficionados, un símbolo de humildad, respeto y perseverancia. Cada año, cuando aparece en el tee del 1, el público se pone en pie no por nostalgia, sino por gratitud.

Hoy, en Augusta, el Gran Capitán volvió a demostrar que su grandeza no se mide en metros, sino en memoria. Y esa, en su caso, es eterna.

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