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Gary Woodland le da la vuelta al mundo del golf

Texas Children’s Houston Open

Guillermo Salmerón | Lunes 30 de marzo de 2026

La cuarta jornada del Texas Children’s Houston Open dejó una de esas historias que el golf contemporáneo casi ya no concede. En un circuito que se mueve deprisa, que corona campeones y los olvida con la misma velocidad, Gary Woodland logró detener el tiempo. Lo hizo en un domingo suave en Houston, donde el estadounidense, siete años después de su último triunfo y dos y medio después de una cirugía cerebral que le obligó a enfrentarse a su propia fragilidad, volvió a ganar.






Pero lo que conquistó no fue solo un título, sino una forma de liberación personal. Desde la operación de 2023, que eliminó una lesión en la zona del cerebro que regula el miedo y la ansiedad, Woodland había convivido con episodios de pánico, hipervigilancia y un PTSD que decidió revelar públicamente hace apenas dos semanas. Ese gesto, confesó, le quitó “mil kilos de encima”. Y esa ligereza, por primera vez en mucho tiempo, se notó en su juego. Tras un T14 en Valspar y sensaciones crecientes, Houston se convirtió en el escenario donde todo encajó. Su swing recuperó la violencia controlada de sus mejores días, impulsado por el trabajo con Randy Smith y por un regreso a varillas más pesadas, las mismas que usaba en su época dorada. A sus 41 años, lidera el PGA TOUR en distancia y velocidad de palo, superando a jugadores casi veinte años más jóvenes. Pero el verdadero cambio, como él mismo admitió, estaba dentro.

El domingo amaneció como un duelo entre Woodland y Nicolai Højgaard, con Min Woo Lee al acecho. Pero la tensión duró poco. El danés falló en el primer hoyo y Woodland, sereno, firme, dueño de un ritmo que parecía protegerlo, fue construyendo una ventaja que pronto se volvió definitiva. Un birdie en el 5 abrió la puerta; un putt de 24 pies en el 7 la arrancó de cuajo. Tres birdies consecutivos del 7 al 9 lo lanzaron hacia una vuelta de 31 golpes en los primeros nueve hoyos y una ventaja de seis impactos que ya nadie pudo discutir. A partir de ahí, jugó con la madurez de quien sabe que la batalla importante está en otro sitio.

Buscó centros de green, evitó riesgos y caminó los últimos hoyos con unas zapatillas diseñadas por pacientes del Texas Children’s Hospital, con una palabra escrita en el lateral: courage. No era un adorno. Era una declaración. Su 67 final, con un último par salvado con calma, le devolvió al círculo de ganadores y le abrió las puertas del Masters. En un gesto insólito, Højgaard y Lee se apartaron en el 18 para que Woodland pudiera caminar solo hacia el triunfo.

Cuando cayó el putt, no hubo gritos ni gestos grandilocuentes: solo un suspiro profundo, los brazos abiertos y unas lágrimas que contaban una historia más grande que el golf. Porque Woodland seguirá luchando. El PTSD no desaparece con un trofeo. Pero el contexto ha cambiado. Hace dos años escribía cartas de despedida. Hoy firma autógrafos como campeón. Y demuestra que la verdadera valentía no es ausencia de miedo, sino avanzar a pesar de él.

El top‑10 que completó la semana






La victoria de Woodland, con -21 y cinco golpes de ventaja, eclipsó inevitablemente al resto, pero el top‑10 dejó actuaciones de mérito. Nicolai Højgaard terminó segundo con -16 tras un 71 final que lo dejó sin opciones reales. A un golpe más, con -15, cerraron el podio Johnny Keefer, autor de un brillante 64, y Min Woo Lee, sólido de principio a fin. El quinto puesto fue para Sam Stevens, -14, ejemplo de regularidad. En -13 se agruparon cuatro nombres: Jake Knapp, espectacular con un 62 final; Chris Gotterup, competitivo toda la semana; Sudarshan Yellamaraju, confirmando progresión; y Jason Day, que volvió a mostrar oficio y consistencia. Cerraron el top‑10, con -12, Bronson Burgoon, gracias a un 66 final, y Sahith Theegala, siempre presente en las grandes citas. Un top‑10 profundo y variado, pero inevitablemente secundario ante la dimensión humana y deportiva del triunfo de Woodland, un regreso que trasciende el resultado y devuelve al golf una de esas historias que el juego ya casi no se permite.

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