El golf mundial se prepara para uno de los regresos más esperados de la temporada: Justin Thomas, dos veces ganador de majors y uno de los talentos más brillantes de su generación, vuelve a la competición tras varios meses apartado por una lesión que terminó requiriendo una microdiscectomía. El estadounidense, que llevaba arrastrando molestias en la cadera durante buena parte del año pasado, ha dado por finalizada su recuperación y ya ha marcado en rojo la fecha de su reaparición: el Arnold Palmer Invitational en Bay Hill.
Su primer test competitivo llegó este lunes por la noche en la TGL, la liga tecnológica en la que compite con Atlanta Drive, vigente campeón. Allí, en un entorno controlado pero exigente, Thomas volvió a sentir la adrenalina de la competición. El resultado fue secundario; lo importante era comprobar sensaciones, ritmo y confianza después de casi medio año sin disputar un torneo oficial. Y aunque el propio jugador reconoció que su juego estuvo lejos de su mejor versión, también dejó destellos que invitan al optimismo.
El arranque fue dubitativo. Su primer golpe, un hierro que voló más de la cuenta y terminó en un búnker, reflejó la lógica falta de ritmo. Más tarde, un hierro demasiado cerrado y un approach largo que acabó en zona de penalización mostraron que aún queda trabajo por hacer. Thomas lo resumió con honestidad: “No fue muy bueno por mi parte. Me costó entrar en ritmo y sentirme cómodo”.
Sin embargo, entre esos errores también aparecieron señales muy positivas, especialmente con el driver. Su segundo golpe de la noche alcanzó los 311 yardas y 177 mph de velocidad de bola, cifras muy cercanas a su nivel habitual. En el hoyo 11 llegó incluso a tocar las 180 mph, demostrando que la potencia —uno de los pilares de su juego— está prácticamente recuperada. También dejó un golpe memorable en el hoyo “Stinger”, ejecutando un lanzamiento a apenas 2,5 grados de ángulo para mantener la bola baja y controlada.
Thomas explicó que lleva unas tres semanas “plenamente autorizado” para entrenar con normalidad y alrededor de un mes practicando sin restricciones. Aun así, reconoce que la vuelta a la competición real exige un proceso de adaptación: “Es mi primera vez en meses pegando desde un búnker de calle. Todavía me encuentro situaciones nuevas. Necesito jugar más, enfrentarme a distintos lies, distintos vientos, distintos escenarios”.
Su debut oficial en el PGA TOUR llegará en Bay Hill, uno de los eventos más exigentes del calendario. Thomas es consciente de que no puede esperar resultados inmediatos, pero sí quiere recuperar sensaciones y volver a competir sin dolor. La prioridad ahora es la durabilidad: “Tengo que hacer las pequeñas cosas y mantenerme encima de todo. Jugar sin lesiones es mi principal objetivo”.
Con 16 victorias en el PGA TOUR y todavía muchos años de carrera por delante, Thomas afronta esta nueva etapa con ambición y perspectiva. Su “swing DNA”, como él mismo lo define, sigue intacto. Y aunque el camino de regreso será gradual, su talento y determinación apuntan a que pronto volverá a pelear por los grandes títulos. El golf lo espera.