Ángel Ayora firmó en Qatar una segunda ronda de 69 golpes que, más allá de situarlo de lleno en la pelea por el fin de semana, confirma la solidez creciente de un jugador que está entendiendo el DP World Tour con una madurez impropia de su edad.
Su vuelta, construida desde la paciencia y el control del ritmo, tuvo menos explosividad que el 66 del jueves, pero mantuvo intacta la sensación de que su juego está preparado para aspirar a todo en esta nueva cita del calendario. El -3 del día refleja una jornada más táctica, más de gestión, en la que supo minimizar errores y aprovechar los momentos en los que el campo ofrecía una ventana de oportunidad. En los nueve primeros hoyos, Ayora arrancó con un birdie inmediato en el 1 que marcó el tono de la vuelta: orden, precisión y cero concesiones. El resto del tramo se movió en registros muy estables, con pares encadenados y un único bogey en el 8 que no alteró su plan.
El 34 de salida fue el resultado lógico de un jugador que no necesitó forzar y que se mantuvo siempre en la parte alta del tablero. En la segunda mitad del recorrido, el español volvió a mostrar su mejor virtud esta semana: la capacidad de reaccionar sin precipitarse. Birdie al 11, control absoluto en los hoyos más exigentes y un cierre impecable en el 18 para asegurar un 35 que mantiene su candidatura intacta.
La comparación con el jueves es inevitable. En la primera ronda, Ayora había deslumbrado con un -6 construido desde la inspiración, con un tramo inicial de 33 golpes y un final igualmente brillante. Aquel 66 fue un golpe sobre la mesa, una demostración de talento puro, de pegada y de confianza. Hoy, en cambio, mostró la otra cara que exige el DP World Tour: la del jugador que sabe sufrir, que sabe leer el viento, que sabe cuándo atacar y cuándo aceptar el par como un buen resultado.
Esa dualidad —la brillantez del jueves y la madurez del viernes— es precisamente lo que alimenta sus opciones de victoria. Ayora no solo está jugando bien; está compitiendo bien. Su golf tiene ritmo, su actitud transmite calma y su tarjeta, en dos días, muestra un equilibrio que suele ser decisivo en torneos de este perfil. Si mantiene esta línea, si encuentra de nuevo una racha de aciertos como la del debut y si continúa evitando errores graves, su nombre seguirá en la conversación del fin de semana. Y, visto lo visto, no sería ninguna sorpresa que llegue al domingo con opciones reales de levantar el trofeo.